“The Blood is the Life” (Bram Stoker) ( La Sangre es la Vida)
“So the Blood is the Literature” ( C.D.G) ( Por lo tanto, la Sangre es la Literatura)
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Así que, latidos de literatura:
De El Primer Hombre, de Albert Camus
Habría que vivir como espectador de la propia vida. Para añadirle el sueño que le diera conclusión. Pero uno vive, y los otros sueñan tu vida.
Habían llegado con mucho adelanto, como siempre ocurre con los pobres, que tienen pocas obligaciones sociales y placeres, y que temen no ser puntuales.
Los años no eran más que estrépito, resaca y agitación y Jacques Cormery se debatía ahora presa de angustia y piedad. Miraba las otras lápidas del entorno y reconocía por las fechas que ese suelo estaba sembrado de niños que habían sido los padres de hombres encanecidos que creían estar vivos en ese momento. Porque él mismo creía estar vivo, se había hecho solo, conocía sus fuerzas, su energía, hacía frente a la vida y era dueño de sí. Pero en el extraño vértigo de ese momento, la estatua que todo hombre termina por erigir y endurecer al fuego de los años para vaciarse en ella y esperar el desmoronamiento final, se resquebrajaba rápidamente, se derrumbaba.
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De Los tipos duros no bailan, de Norman Mailer.
A decir verdad, casi no podía recordar nada de lo que sucedió después que salté de la cama. Debió de ser un día como tantos otros. Hace tiempo me contaron un chiste: un hombre va al médico y éste le pide que le describa sus actividades diarias. El paciente empieza: “Me levanto, me lavo los dientes, vomito, me lavo la cara..”. “¿Vomita cada día?”, le interrumpe el médico. “¡Claro, doctor!”, responde el paciente. “¿Usted no?”. Pues ese hombre soy yo.
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Yo solía decir que es más fácil renunciar al amor de tu vida que dejar de fumar, y lo cierto es que estaba convencido de la verdad de esta afirmación. Pero un buen día del mes pasado, hacía de eso veinticuatro días, mi mujer me dejó. Hacía veinticuatro días. Y aprendí algo más acerca de lo que es estar dominado por un vicio. Tal vez sea más fácil renunciar al amor que al humo, pero cuando se trata de decir adiós a una relación de amor-odio, diantre, que se acabe tu matrimonio puede ser tan duro como dejar la nicotina, e incluso provoca una sensación muy semejante, porque puedo asegurar que al cabo de doce años había llegado a odiar el tabaco casi tanto como a una esposa amargada.
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De El Tercer Reich, de Roberto Bolaño
Por la ventana entra el rumor del mar mezclado con las risas de los últimos noctámbulos, un ruido que tal vez sea el de los camareros recogiendo las mesas de la terraza, de vez en cuando un coche que circula con lentitud por el Paseo Marítimo y zumbidos apagados e inidentificables que provienen de las otras habitaciones del hotel. Ingeborg duerme; su rostro semeja el de un ángel al que nada turba el sueño; sobre el velador hay un vaso de leche que no ha probado y que ahora debe estar caliente, y junto a su almohada, a medias cubierto por la sábana, un libro del investigador Florian Linden del que apenas ha leído un par de páginas antes de caer dormida. A mí me sucede todo lo contrario: el calor y el cansancio me quitan el sueño. Generalmente duermo bien, entre siete y ocho horas diarias, aunque muy raras veces me acuesto cansado. Por las mañanas despierto fresco como una lechuga y con una energía que no decae al cabo de ocho o diez horas de actividad. Que yo recuerde, así ha sido siempre; es parte de mi naturaleza. Nadie me lo ha inculcado, simplemente soy así y con esto no quiero sugerir que sea mejor o peor que otros; la misma Ingeborg, por ejemplo, que los sábados y domingos no se levanta hasta pasado el mediodía y durante la semana sólo una segunda taza de café –y un cigarrillo– consiguen despertarla del todo y empujarla hacia el trabajo. Esta noche, sin embargo, el cansancio y el calor me quitan el sueño. También, la voluntad de escribir, de consignar los acontecimientos del día, me impide meterme en la cama y apagar la luz.
CDG, interesantes fragmentos novelescos que ayudan a observar la forma de escribir de grandes escritores y de disfrutar de ellos. Los de Norman Mailer parecen microrrelatos y Bolaño siempre me ha encantado.
Gracias por mostrarlos.
Un abrazo, crack.
Tienes razón, Nicolas: esos trocitos de Mailer parecen relatos en sí. Me alegro de que te hayan parecido interesantes.
Un abrazo.
Por lo tanto, la Sangre es la Literatura. Buena frase y buenos fragmentos de Sangre.
Besitos
A seguir leyendo, Elysa. A seguir vivos.
Un beso y gracias.
Tienes un gusto literario que se asemeja mucho al mío.
Besos.