Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 30 octubre 2007

Con dos meses de retraso retomo mi diario parisino…Cojo la libreta, miro las tres o cuatro anotaciones e intento transportarme a ese día que parte Agosto en dos…Veamos que recuerdo, veamos que me callo…

   Empieza el día 15 de Agosto muy pronto…Me ducho escuchando a mis pies el metro cargado de trabajadores y desayuno pensando en como irá mi primer día completo en París. Y al salir del hotel, con las 8 en mi reloj, noto que la ciudad me habla. Será la emoción o las pocas horas de sueño, pero París me habla sin abrir la boca. Su suelo encharcado me dice que ha llovido. Su cielo, sorprendentemente transparente, me dice que no lloverá…de momento. Ese “de momento” me suena extraño. Tengo suerte de que mi plan de hoy comienza en el Louvre(pronúnciese Luv). Y hacia allá voy…Decido ir andando porque es pronto. Camino respirando el aire y con el cruasán bajando por mi garganta y unos 20 minutos después ya estoy junto a la Pirámide que corona el museo más grande del mundo. Hubo quien criticó la construcción de esta pirámide, acusándola de romper la armonía, de ser inútil…pero a mí se me hace difícil pensar en una entrada mejor para un edificio que homenajea a la Historia. También criticaron la Torre Eiffel y ahí está…

  Decía que estaba junto a la Pirámide. Cuando llego ya hay unas 60 personas que se me han adelantado. El museo abre a las 9 y al poco de abrir el número de individuos que hacen cola supera los 300. Empieza a gotear(el cielo no mentía con su “de momento”) en el momento exacto en que me meto en el museo. Una vez dentro empieza el susto, el asombro, la acumulación desmedida de belleza e historia…un nuevo sentido para el significado “abrumador”. Pero vayamos por partes. Lo primero que me impresiona es la marea humana. Vale que hoy es fiesta, pero la cantidad de gente (desde ahora diré masa) que se mueve por el Louvre es acojonante. Diré que hay tres entradas. Diré que el noventa por ciento van directos a la misma: A la que lleva a una tal Gioconda.Pero no te precipites Carlos. Cuenta las cosas por orden, que no eres Cortazar. Ok, ¿Orden? Orden. Mientras la mas corre hacia la Mona Lisa como en un Madrid- Barça o en las rebajas de El Corte Inglés, yo corro hacia el sitio donde se puede sacar un vale para museos: por 45 euros puedo entrar donde me dé la gana sin hacer colas y durante cuatro días). Una vez comprado eso, agarró un mapa del museo y decido, inteligentemente por una vez, hacer selección. Pienso estar ahí dentro cinco o seis horas. Y el Louvre es un museo, no exagero, para estar semanas. Me decanto por Grecia, Roma, algo de Egipto(a rebosar sus salas) y Pintura. El resto lo haré rápido, o sea, mal.

Poco puedo decir de Grecia y Roma. Es increíble la cantidad de obras de arte que allí habitan. Es fisicamente imposible disfrutar plenamente de un 10 por ciento del museo, pero lo poco que puede verse en unas horas ha de disfrutarse como yo lo hago. Con la boca abierta y un audio guía que me acompaña (5 euros. En cada museo alquilaré una. No es que sea útil. Es que es vital) me paseo, me paro, me embobo, hago una respetuosa foto y vuelvo a pasear. La masa se detiene en la Venus de Milo, el Escriba Sentado y todo lo que hemos visto en los libros del colegio. No recuerdo si antes o después de las esculturas (lo he dicho antes: es todo tan abrumador que el tiempo y el espacio se deshacen) me dirijo a una de las salas de pintura. La sala con los inmensos cuadros de Rubens te hacen sentir una mierda ante tanto talento.

Tras horas empapándome de Historia y Arte, decido dejar el mapa a un lado (sin mapa, El Louvre es un laberinto) y seguir el mar de cabezas que se dirigen al mismo sitio. Te guste o no, hay que ver la Gioconda si vas al Louvre, de la misma manera que hay que ir al The Cavern si se va a Liverpool o El Parking si se va a Alicante. Y allí voy, a la Gioconda. Es entonces cuando empieza el circo. Perdón, el Circo. Tras mucho esfuerzo logro entrar en la sala. Al fondo, con más medidas de seguridad que el Papá, el cuadro. Le protegen dos cristales anti-todo y varias personas de seguridad que parecen guardaespaldas. Es todo tan ridículo. Me explico: la labor de esta gente es poner cara de amargura perpetua y no dejar hacer fotos al cuadro por nada del mundo. Da la sensación de que cobran dinero extra por cada foto que consigan abortar. Se puede hacer fotos a esculturas de miles de años, a momias en estado peligroso, a cuadros maravillosos(minutos después de lo que ahora contaré, hice las fotos que quise al famoso cuadro sobre la República de Delacroix)…pero a la Gioconda, nada. ¿Por qué?Supongo que será para alimentar el mito creado. Es indudable la importancia del cuadro, por su autor, por el enigma de su origen…pero nadie puede afirmar que es la mejor obra pictórica de la historia(aunque la belleza es subjetiva). Y la farsa no acaba ahí. Lo de las fotos(logro hacer dos y lejanas) lo trago como puedo, pero lo intolerable es lo de que apenas te dejen VER  el cuadro. Cuando te acercas a él, entras en un cordón del que no puedes salir y donde no puedes pararte más de 5 segundos (literal). Y una vez sales de ese cordón, si quieres volver a ver el cuadro has de aguantar de nuevo a la masa para volver a entrar. No creo que hagan todo esto en un día no festivo y con menos gente, pero es un chiste sin gracia. No dejo de pensar en el daño que ha hecho ese “libro” de ese “escritor” con apellido de color mierda y cuenta corriente millonaria.

Quitando esta pantomima, el Louvre cansa los pies pero relaja el alma. Suena a verso hortera, y lo es, pero también es una verdad como un templo. Son las tres de la tarde. Me merezco un bocadillo de lo que sea en un banco cualquiera. Y eso hago, comer sentado en las Tullerias.

Después de comer, y con el bocadillo aún presente( la cuestión es andar sintiendo comida dentro) cruzo el Sena con el paraguas sobre mi cabeza y me meto en la preciosa iglesia de Saint Germaine de Pres y en Saint Suplice, ambas por el Barrio Latino, zona que volveré a visitar y que es conocida por su ambiente universitario, sus crepes de dudosa calidad pero de precio acepable( y esto aquí es un milagro) y sus cafeterías legendarias(legendarias por quienes sentaron sus sillas): De La Flore, por ejemplo.

La tarde marcha perfecta y decido acabarla donde mejor se puede: junto al Sena. Cruzo el esquelético Pont des Arts y pienso irremediablemente en el comienzo de Rayuela. Busco brevemente a la Maga, pero no aparece. Paseo, me tomo un chocolate ardiente y cojo mientras anochece  el metro del Pont Neuf que me lleva a la calle del hotel. Entro en un Mc Donalds, me compro una hamburguesa de plástico y una ensalada y me la llevo a mi habitación, donde hablo por teléfono, veo noticias en inglés, leo un rato el libro de Vila-Matas, reviso las fotos del día y pienso en la gente que me gustaría que estuviera aquí conmigo, aunque si así fuera no podría visitar todo lo que estoy visitando.

De tanto pensar me entra sueño. De tanto sueño, duermo.

Read Full Post »

París no se acaba nunca. La frase no es mía, así que fiaros de ella. La he sacado de Enrique Vila -Matas, que a su vez la tomó prestada de Hemingway y Ernest, de sus años locos en París.
"París no se acaba nunca" no es sólo una frase, es el título del libro que me ha acompañado antes, durante y después de mis seis días y medio en la capital de Francia. El libro ha sido uno de los pocos aciertos de mis últimas semanas porque me ha ayudado mucho. Es un relato sobre dos años en la vida del autor (Vila-Matas), sobre el arte y la dificultad de escrbir, sobre las amistades de juventud y, sobre todo, sobre París. Sobre el París perdido y presente, sobre sus cafeterias, sus calles escondidas y sus secretos invisibles. Una maravillosa introducción más allá de las tópicas (pero necesarias) guías.
 Y con este libro bajo el brazo y un viaje ya terminado, me pongo a escribir esto: algo parecido a un diario personal y transferible basado en notas que he escrito y recuerdos que he guardado durante mi semana en París.¿Por qué escribo lo que me ha pasado en París? Cien motivos y ninguno. Lo hago porque me apetece, lo hago para quien quiera leerme, para quien tenga el valor de entreterse con mis andanzas francesas. Y lo hago porque creo que París merece ser escrita por todo el que la ve, porque hay tantos Parises como ojos que pasan por ella, como pies que pisan sus calles. Lo hago por mí.
 
DÍA 13 DE AGOSTO-LUNES.
 Acabo el día en Madrid, en casa de mi tío. A las 6 de tarde me recoge mi primo ofreciéndome así la primera experiencia del viaje: ir por Madrid en coche de policía, con la sirena puesta y viendo lo que hasta entonces sólo he podido ver desde la acera: decenas de coches cediéndonos la carretera con respeto y rapidez.
 Ceno montaditos con mi tío, mi primo y su novia y me preparo para mañana, donde me espera el laberinto de la T-4 y la France. Veremos.
DÍA 14 DE AGOSTO- MARTES.
 Ya estoy en París. Nada menos. Una ciudad tomada por turistas españoles, chinos, americanos, alemanes. El mundo vive en París.
 El avión ha llegado sin retraso y la espectacular T-4 no ha sido tan ogro como lo pintaban. Tampoco ha ido mal la llegada a París y mi transporte hacia el hotel: mitad en bus, mitad en metro, previa compra de un paquete de diez vales de metro por poco menos de 12 euros.
 Antes de la 1 de la tarde ya estoy en la habitación del hotel. Habitación con alma de caja de cerillas, pero con cama y ventanas, el resto es secundario. Dejo la maleta, me pego una ducha y antes de salir a patear la ciudad, pienso en quien la ha pateado antes. Me vienen a la cabeza nombres como Cortazar, Truffaut, Victor Hugo, Picasso, Buñuel, Oscar Wilde…Así cualquiera sale a la calle con la cabeza alta.Y salgo. Y empiezo por lo que primero me encuentro tras andar unos minutos: La Ópera Garnier, famosa por su tamaño, su fachada y su historia. Fotos de rigor y a seguir caminado hasta La Madeleine, iglesia  francesa con vocación de griega que por fuera impresiona más que por dentro. Aunque dentro se realizaron los funerales por Chopin. Me compro un bocadillo y un botellín de agua, soy testigo del primer robo del viaje( París no es cara, es carísima, salvo excepciones que contaré) y sentado en un banco como y bebo con ella, La Madeleine, delante.
Delante La Madeleine, a los lados, por todos lados, cafeterias. Primera imágen que me dice que estoy en París. Los parisienses aman las cafeterias, aman sentarse mirado a la calle, sin darle la espalda, porque las calles de esta ciudad no son sólo para pisarlas, sino para mirarlas, a ellas y a sus gentes.
 Con la tripa y las ganas llenas, empiezo la caminata del año. Quien haya estado en París y lea lo que ahora leerá, entenderá a qué me refiero.  Empiezo por la Plaza Vendome, con las tiendas de ropa más caras inimaginanles. Por no hablar de hoteles.Voy a la Plaza de la Concorde, tan ancha como imponente, con su obelisco egipcio coronándola y sus vistas inolvidables. Acojona pensar que en un lugar tan bonita cortaron la cabeza , durante la Revolución, a unas 1500 personas (Luis XV y María Antonieta incluidos). La plaza debería llamarse Centro Mundial del Guillotinero, pero no se atreven.
Desde Concorde enfilo los Campos Eliseos, paseo obligatorio donde no es dificil imaginarse a Indurain, vestido de amarillo, corriendo y ganando por allí.
Los Eliseos se dividen en dos. Una primera parte perfecta para caminar con tranquilidad, entre árboles y bancos, y una segunda bañada de restaurantes de lujo( entrantes a 50 euros, lo he visto), concesionarios de coches, cines, cafeterias ladronas( un botellín de agua, 7 euros, lo he visto también), etc.
Sólo el hecho de ver a la gente andando y el trajín de un caos organizado merece el paseo, y más si al final te espera el Arco del Triunfo. Inmenso, rotundo. Se empezó a hacer a mayor gloria de las victorias de Napoleón,pero Napoleón murió y el Arco, sin terminar. Y se acabó la obra, para que el mundo viera en forma de monumento sus hazañas bélicas, el poder francés. Por cierto, el emperador no se olvidó de dedicar toda una pared (si se puede llamar así) del Arco a sus decenas de victorias en España. Miro hacia arriba y quiero subir, pero prefiero hacerlo otro día, así que, hecho una última mirada(una de miles) al A. del Triunfo y de nuevo enfilo los Eliseos hacia Concorde. Desde ahí tomo la Rue Rivoli, con hoteles de lujo mezclados con tiendas de souvenirs. A la izquierda, el Louvre, el Palacio Real. A la derecha, el Sena…
Y es aquí donde debo aclarar una cosa. El Sena no es un río, que no os engañen. El Sena es un corazón con forma de río. Os diré más: El Sena es un corazón de sangre verde y alma tranquila y vieja. Del Sena sale todo en París, porque del Sena nació París. El Sena ha visto en sus orillas y durante siglos lo que pocos ríos en el mundo pueden ver. Notre-Dame se ha construido acariciando el Sena, y junto a él se ha transformado un palacio en museo y el museo en el Louvre. El Sena ve a puentes que tratan de cubrirlo, ve a parejas que pasean con el rumor de su caudal, ve a una ciudad que ha sido romana, gloriosa, brutal, revolucionaria, sangrienta y artística. Y el Sena, sobre todo, ve sobre su lomo los más bonitos atardeceres posibles.
Doy al corazón en forma de río la importancia que tiene, porque la ha tenido en mi viaje. No ha habido día que no haya caminado a su lado. No hay día que no lo haya mirado con envidia.Por lo que ha contemplado. Por lo que contemplará.
Pero volviendo a la Rue Rivoli…camino y camino por ella hasta llegar al Palacio Real, inaccesible por dentro más que por algunos Ministerios, que lo ha tomado como propio. Lo que sí se puede y se debe hacer en sentarse en un parque central, aunque llueva como llueve hoy.
Cuatro cosas hay en París en cantidades insospechadas: Iglesias (París será laica, pero bien vale una misa), cafeterias, crepes y parques. Lo digo ahora pero lo vereis después.
Diserción a un lado, del Palacio Real, con la lluvia a cuestas, decido volver al hotel. ¿Cómo?Andando, con dos inconscientes cojones. Me siento Rambo porque no siento las piernas, compro un sandwich, me lo meto en la mochila y ceno en la habitación mientras veo en la tele que en Francia hacen Camera Café con argumentos, gestos y situaciones calcadas al español. Al rato leo un rato el libro que dice, y ahora lo voy confirmando, que París no se acaba nunca y me duermo, que mañana toca más, y quizás mejor.
Continuará… 

Read Full Post »

A veces se necesita una dosis de ego ajeno, una tormenta eléctrica sobre el escenario(el altar), un profeta descreido, un jinete sin más caballo que una voz rotunda, un poco de chulería. A veces no viene mal un poco de Enrique Bunbury.A veces se agradecen canciones como estas:

Read Full Post »

Ante las cartas,los desmayos masivos, las súplicas, las entrevistas del New York Times y The Guardian, las manifestaciones, las amenazas, las proposiciones más indecentes que las de Redford y las transferencias económicas, no he tenido otro remedio: En los próximas días y con más de dos meses de retraso, volverá y continuará mi crónica parisina. Todo por mi audiencia.

Read Full Post »

Read Full Post »

Cuando David Lynch( el mayúsculo y adictivo Lynch) estrenó Una historia verdadera, hubo quien echó de menos el Lynch de siempre, sus temas predilectos, su forma de ver el mundo, su estilo, sus tratados sobre la dualidad…Pero si uno se dedicaba a observar más que a ver no había sitio para la añoranza. Lo mismo ocurre ahora con Cronenberg desde hace dos películas. Con Una historia de violencia, empezaron las voces y con la recien estrenada Promesas del Este se acentúan. Es innegable que el clasicismo baña las dos últimas películas de este director; pero una vez más es precioso y preciso observar. Escudado en un guión ajeno, con alguna fisura en el tramo final, pero con la crudeza que requiere la trama, Cronenberg se mete de lleno en las mafias rusas instaladas en el corazón más gris de Londres. Y allí, si afilamos la mirada, nos encontramos con algunas de las constantes de siempre: la violencia sin edulcorantes, el abrazo entre la muerte y la vida, la degradación moral del ser humano y  la mutación (en el cuerpo tatuado que transforma el chofer  en algo más…). Y con un Viggo Mortensen ambiguamente duro, una Naomi Watts creible como esa enfermera que por razones algo ocultas y muy poderosas decide entrar en el infierno y un Vicent Cassel encantadoramente enloquecido. Sin olvidarse de Mueller-Stahl, que alejado del tópico, da miedo porque tiene el poder.
En definitiva, un thriller de los que ya escasean. Un thriller con los ojos tensos y crudos de un director que merece un chapeau. Un thriller con un final abierto y traicionero como el Támesis.

Read Full Post »

No te sonrojes:
No te aplauden a tí.
No te emociones:
No han venido por tí.

Read Full Post »

Older Posts »