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Archive for 2/04/09

Las llaves, en sus manos, son cerillas a punto de arder. Basta con que las sople, o las mire, o quiera que ardan, para que ardan.
Yo miro el espectáculo con la boca abierta, olvidando mis grietas  y cerrando los ojos tras haberlos cerrado hace horas.
Y tras la puerta un par de ciervos, con fresas en sus bocas, hacen de la ciudad su dormitorio hasta que despertemos y reconozcamos casi todo.
Y sepamos que las llaves sólo abren puertas y que tú no tienes más poder que el que me da tu sonrisa arrastrada. Y lo que eran ciervos son dos extraños que responden a nuestros nombres.
Las fresas siguen siendo fresas.
 
C.D.G.
 
Adquisición en la Feria Del Libro: De Profundis, de Wilde. O una carta tan dura como genial.
 
 
 
 
 
 

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