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Archive for 8/07/09

En los funerales de gente planetariamente famosa, la excusa es el muerto, que nunca se levantará para agradecer el detalle, que nunca aplaudirá al entregado auditorio. La realidad, en la mayoría de las ocasiones, es lucir lágrimas y lutos millonarios ( es adorable ver a la familia de M. Jackson derrumbarse cuando en vida del genio le dieron la espalda en el momento en el que cada día suyo era un escándalo). El exhibicionismo ametralla al respeto. Prima lo hortera en el sitio que debería ocupar el mero homenaje( pero entiendo que para lo que uno es hortera, para otro es sublime, para lo que uno es la máxima representación de la belleza, para otro es el último resto bajo una alcantarilla) . En estos funerales horrendos los focos, paradójicamente, tapan los matices y  los millones de hogares donde, sin alardes se escuchan las canciones del fallecido, o se ven sus películas, o se leen sus libros. Lo mismo que millones hacían cuando el exquisito cadaver estaba vivo y podía sentir, desde su burbuja o la calle, según el caso, la felicidad de tanta gente debido a su obra. Quizás sea eso lo importante, que en último aliento, uno sepa que ha habido gente que ha sonreido con la amplitud del cielo por él. Y que lo sepa en vida, porque en muerte, nothing.
Nota: La excepción en el funeral público la puso, quien si no, un tal Stevie Wonder, cantando una de sus obras maestras: They won’t go when I go, canción que, casualmente o no, mandé la semana pasada, en dos versiones distintas, a una personilla importante.
Por suerte, hay otro tipo de funerales, como aquel que le hicieron a Chapman (Monty Python) sus compañeros de carcajadas:
 
 
 

Por suerte, hay otro tipo de homenajes, elegantes, emocionantes, sinceros. Como el que le hicieron a George, para que el mundo no olvidara que los Beatles no eran sólo dos genios irrepetibles. Afortunadamente, parte del mundo ya lo supo mucho antes.
 

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