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Archive for 30 agosto 2009

 

 

Si te duele, te jodes.
Si te quema, no grites.
Cerrar los ojos y negar
te trae abismos merecidos.
¿Verdad?
 
C.D.G
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Leopoldo María Panero: "Yo soy un poema de mi padre".

 

Vuelve a casa pronto,

no regreses nunca,

cómete la cena,

muérete de hambre,

dame un beso, niño,

no molestes tanto,

toma este regalo,

no nos pidas tanto,

vístete de mono,

hazte ya un adulto,

cómprate una casa,

no te alejes mucho.

C.D.G

 

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Las certezas merecidas del extranjero
Sé que estas horas
no llevan mi nombre,
ni mis pasos llevan a tus brazos.
Sé que hay motas de polvo en mis palabras
y arrugas en el tiempo venidero.
De donde vengo, esta batalla perdida,
de donde vengo, mi culpa:
Bastan mis manos viejas y la sangre que las cubre.
Y en el lugar de mi exilio
no hay colchones ni copas llenas,
ni poemas que no apesten a ya escritos,
ni lugares que quieran ser míos.
No hay bordillos sin dudas.
Ni locuras de un euro.
No habrá un bocado de sueño
a la luz de unas estrellas
que llevan tu nombre a gritos.
 
C.D.G.
 
   Original de Aute
 

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could have been a sailor, could have been a cook
A real live lover, could have been a book.
I could have been a signpost, could have been a clock
As simple as a kettle, steady as a rock.
I could be
Here and now
I would be, I should be
But how?
I could have been
One of these things first
I could have been
One of these things first.

I could have been your pillar, could have been your door
I could have stayed beside you, could have stayed for more.
Could have been your statue, could have been your friend,
A whole long lifetime could have been the end.
I could be yours so true
I would be, I should be through and through
I could have been
One of these things first
I could have been
One of these things first.

I could have been a whistle, could have been a flute
A real live giver, could have been a boot.
I could have been a signpost, could have been a clock
As simple as a kettle, steady as a rock.
I could be even here
I would be, I should be so near
I could have been
One of these things first
I could have been
One of these things first

 
Harrison…harto de crear y crear y recibir menos que los dos genios de al lado. Y Paul trompeteando.

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Más, en la Red.

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Nunca fui más lúcido que en los segundos que siguieron a ese beso, ya sabeis, cuando el cuerpo aún no está recuperado del todo, cuando tu boca, alejada de la otra boca, sigue de alguna manera pegada a ella. Cuando el tiempo juega contigo y el espacio se reduce a los centímetros que te separan del objeto de deseo. Hablo exclusivamente de esos besos que albergan toda la sinceridad del mundo. De esos que merecen cuidados intensivos y mucha alerta.
Acababa de besar a La Killer Ilustrada de la que tanto hablaban todos. Mote que vino de Serrano, aficionado evidente a Vila-Matas, y que se propagó como los mejores virus. Killer, me contó, porque antes de llegar a nuestra ciudad, le contaron, se le acusó de asesinato en su capital natal. El juicio, me afirmó, puso el error en su sitio y la leyenda en su rostro. Ilustrada, dijo, porque no acababa ni empezaba un día sin leer un libro y escribir una hoja. Nadie le vio una de sus hojas, toda la ciudad vio los libros que leía. Los que leía entre cafés que se enfriaban y cigarros que fumaba como si ellos le dieran la respiración que luego expulsaba a base de una tos seca, particular, altavoz, de alguna manera, de esa voz ronca, que algunos consideraban sensual y otros insoportable. Yo no aguantaba esa voz, pero me volví adicto a ella desde que la conocí.

Yo esperaba en la terraza de siempre a Orlando. Sudando y bostezando. Unos pasan la espera mirando el móvil, mordiéndose las uñas o pasando un dedo por la humedad  del vaso de cerveza. Yo nunca cambiaré mis costumbres:  miro a los que me rodean, los que pasan y desaparecen y los que están sentados a mis lados. Como ella, a mi derecha. No era la primera vez que la veía, pero sí la primera vez (que nadie pida razones) que me entraba el valor de levantarme, caminar los tres pasos de distancia con la mayor dignidad e iniciar una conversación que durara más de un aliento. Pero eso fue después de estudiarla. Recuerdo lo que pensé: Esos ojos negros, grandes y tristes, tapados en parte por un larguísimo y liso pelo negro, no eran de una asesina como decían. Eran bellos y la belleza no mata, digan lo que digan los grandes. Aquel vestido largo y fino, de flores rojas y verdes, alegraban la terraza y dejaban sus pies cruzados al aire, que se cubrían con unas simples sandalias marrones. Su mano izquierda de dedos delgados (todo en ella era delgado, menos sus ojos y su voz) apoyaba un libro en el filo de la mesa. Su mano derecha alternaba un Fortuna y un trago de café. Fiel a su leyenda. El libro, pude verlo, era La Montaña Mágica. Su atención, pude notarlo, era máxima. Cualquier interrupción ajena podría arruinarle su tarde en el helado Davos.
 
Me levante, dí los pasos de rigor y me senté frente a ella. Tardó unos segundos en mirarme, como si algún párrafo del libro mereciera más atención que aquel extraño irrespetuoso. Cuando me clavó sus ojos, me adelanté. Le dije seis palabras y me contestó con una carcajada  loca. Cerró el libro sin marcarlo y no paramos de hablar hasta el día siguiente. Pateamos todas las calles,vaciamos demasiados vasos, nos sentamos en los bancos más escondidos, nos supimos extranjeros. Me contó tanto que me abrumé. Le conté tanto que quiso más. Y pasaron los meses. Así, como aviones. Jamás mencioné lo de su mote. Jamás volví a mi casa. Viví con ella en cualquier lugar, nos quisimos de forma irracional, le vi escribir ideas inolvidables, le vi leer libros y más libros, le vi cantar desastrosamente "The Ship Song" cada vez que llovía. Y llegó el momento más lúcido de mi vida, tras un beso más y único. Supe entonces que aquel sería mi último beso. Que lo que ella me dijo entonces ("Ay, Guillermín") sería lo penúltimo que oiría. Que aquellos ojos iban a ser los últimos que vería. Supe entonces que los motes, a veces, están cargados de razón. Y la vida de sinsentidos.

Y que los muertos hablan. Y que los ojos mienten. Y que lo verdaderamente importante no cabe en un relato.
 
 
C.D.G
 
    

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