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Archive for 28 mayo 2010

 

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Tristan Tzara
Para hacer un poema dadaísta

" Coja un periódico.
Coja unas tijeras.
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema.
Recorte el artículo.
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa.
Agítela suavemente.
Ahora saque cada recorte uno tras otro.
Copie concienzudamente
en el orden en que hayan salido de la bolsa.
El poema se parecerá a usted.
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo.
"

 ———————————-

 

Escogí el artículo.

Corté con minuciosidad.

Metí los papeles, las palabras, en una bolsa.

Cerré la bolsa y la agité como si tuviera el mejor cóctel.

Al volver a abrirla, una ráfaga de viento se llevó

                                       todas

                                       las

                                       palabras

hasta vaciar la bolsa.

 

Supe que acababa de escribir un silencio.

 

C.D.G

 

 

 

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Algo habrá en su espalda que parezca un disparo.
Algo en mis tripas que parezca una despedida.
Algo en sus disparos que parezca un saludo.
Algo en el sol alto que parezca un abrigo,
             y en aquel abrigo negro
             algo así como un secreto.
Algo hay en sus dedos que parecen una playa para dos.
Algo en su pregunta que parece el mejor desayuno.
Algo habrá en ese abrazo para que creamos en un dios.
Algo en lo que dice que me convertirá en ave,
volando
más allá de espaldas,
más acá del sol.
 
 
C.D.G
 

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Con lo que sabemos de esto
con lo solo que camina el cuento
con el precio que tenía mi milagro
con el aterrizaje doloroso
con el mañana en otras manos
con otras manos en otros labios
con el perdón del culpable
con la condena perfecta
con el misterio del cuarto cerrado
con lo que será cuando seamos
con el etcétera a palo seco
con los párpados mordidos
con la brisa inventada por un pintor de cuevas
con los demonios bebidos
con los demonios devueltos
con las huellas del cabello
con la paciencia en un charco
con un charco en cada luna
con los pasos del vecino
con el eterno retorno escrito
con el mago que te convertirá en magia
con la canción del ahogado
con el suelo de la almohada
con el ridículo de mi espejo
con la intuición del esclavo
con el rito de los tragos
con los tragos y sus puertas
con la lluvia del chamán de cobre
con la tormenta de la bola de cristal falso
con el águila escondida
con el nido al descubierto
con mi mejor pesadilla
con el coro estremecido
con la azotea del colchón
con la dignidad del libro
con el libro de tus carcajadas
con la carcajada que persigo hasta que me atrapa
con la ley de los gritos injustos
con la turbia respuesta
con la agonía del nacimiento
con la capacidad de amar
con la capacidad de atar
con la verdad que me entregaste
con la repoblada prosa de los que navegarás
con el zarandeo de las horas del mal
con el mal fuera de ti
con el mar dentro de alguien,
de ti, si quieres;
y junto al mar:
el tiempo, tu felicidad,
el frío, el brindis,
todo lo que verán tus ojos,
todo lo que sólo conocen los poemas y tus sueños,
todo lo que no está dicho
todo lo que sabemos de esto
que llamaremos,
por ejemplo,
ruido.
 
 
 
C.D.G
 
 
 
EDWARD HOPPER
 

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Cuando un trompetista muere
                                   muere la imaginación del viento.
 
 
C.D.G
 
 
 
 
Merezco la sombra que soy.
Mereces la luz que te viertes.
Merezco el azote de Hoy.
El tiempo merece tu vientre.
 
C.D.G
 

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Cuando me beba esta botella

Cuando me beba esta botella la volveré a llenar de agua

y se quedará en el frigorífico hasta mañana.

Mañana me la volveré a beber.

Distinta agua, aunque parezca la misma,

para distinta sed, aunque parezca la misma,

como pasa con las sombras,

con las sonrisas,

con las dictaduras,

con las cartas de amor,

con aquello que es tema de lo que escribimos

pero nunca de lo que decimos.

Y cuando me beba esta botella me iré a la cama,

que sólo me queda dormir para saber que estoy vivo,

para saber que somos un espejo sin otro lado

o para saber que somos el otro lado, directamente.

Y directamente al fondo de lo trivial se irá lo que estás leyendo

tú,

lector diagonal

de acantilados sin gusto.

Lector que sabes que ya voy terminando,

que falta un remate,un adiós, un cedegé

y luego acabaré la botella,

la llenaré,

la meteré en el frigorífico

y dejaré que alguien sueñe con que el agua no se enfría, sino arde,

con que el que ha metido allí la botella no está escribiendo, sino soñando

con una llama de agua.

Distinto fuego para distinta sed.

Aunque parezcan lo mismo.

Porque hoy todo parece lo mismo.

Como pasa con las noches, las canciones, los números,

las soledades con miedo,

los pensamientos prohibidos.

 ————————————————————–

A mí no me engañan:
Los yates del puerto no están dormidos.
Cuando los baila la brisa, como hoy,
hacen un ruido, una canción,
algo tan parecido a un concierto de cencerros,
que los convierte en vacas perezosas
y atentas a no sé qué.
Se balancean como vacas.
Su blanco es blanco-vaca.
Pero el Mediterráneo,
que a veces se convierte en cielo,
nunca será un prado asturiano,
por muy metafórica que se ponga la tarde.
Y eso y mi mirada afilada los devuelve a lo que son:
caprichos que quisieran pastar
pero flotan.
Frustraciones al son del tolón-tolón.
 
————————————
 
Los de la chupa de cuero caro sólo creían lo que decía el poeta borracho
y lamían su sombra con los ojos cerrados y peligrosos del devoto.
Sólo existía el poeta borracho:
Bukowski o
Chinaski o
Ski con espadas en los pies.
Y así, con esa fe y ese aliento, fueron en estática romería
hasta sus últimas verdades.
Aplaudieron El vómito y se extasiaron ante El erupto.
El olor a basura era el lirio de la primavera.
Y en los suelos de los rabiosos versos o pesos del poeta borracho
todos eran protagonistas.
Y un día, pasó.
Todos lo dijeron a la vez:
¡somos un enjambre apretando el gatillo!
Pero el gatillo sólo dijo miau.
Y sin embargo…
Y el bang sólo sonó en el comic de colores que jamás leerían.
(ellos sólo leían al poeta borracho y al prospecto de madrugada)
Y sin embargo…
 
Así era el orgulloso blanco y negro de los de la chupa.
Así llegaron, sin moverse, a sus últimas verdades:
una última gota de digno espejismo
un último gramo de fina piel
una última moneda para comprar voluntades o medio sandwich.
Y un recuerdo rasgado de una dignidad en rebajas.
Más que eso:
regalada.
¡Ah! Y un último y definitivo frío,
lejos, vergonzósamente lejos del volcán de los poemas del poeta borracho.
Y aun así
todos seguían siendo protagonistas.
Todos eran una celda hecha de poemas de un muerto.
Todos eramos
– ya podemos dejar a un lado la tercera persona del plural –
un poema muerto hecho de celdas.
Los pájaros nos envidiaban desde el aire,
aunque alguien escuchó a alguno preguntarse si nosotros,
los de la chupa de cuero caro
leíamos o sólo babeábamos.
El aire nos envidiaba desde el aire
mirando nuestros pies
sin espadas, con gusanos,
bajo las flores secas.
Siempre listos para otra romería estática.
Claro que sí.
 
 
¡Qué fuerza da ser tan feliz!
 
—————————————–
 

Le pidió un segundo para hablar

y le tomó un mundo para callarse.

El sofá era ya un ataud

y la primavera una marcha fúnebre

que nace en la sonrisa de un pétalo sátrapa

y muere en el picor de sus caricias de hierro.

Le pidió un segundo para hablar

y algo para mojar la pena.

Su mirada era ya un alud

que enterraba

todo lo que diera calor,

todo lo que diera vida.

Con eso mojó la pena,

con eso trató de mirar

– por la ventana o por los dedos-

algo nuevo.

                                 Nada.

Y así hubo de acabar este poema:

Bajo el manto de dos ojos

y un silencio del tamaño de un mundo

que babea y sangra y baila

entre las líneas ya escritas.

 

Ya es tarde para limpiar.

 

———————————–

 

Tu llamada perdida la encontré
dentro del ron de las cinco que te robé a las siete.
La saqué, la sequé, la escuché.
Hablaba tu llamada
de epicentros renqueantes,
atontados de tanto terremoto calcado.
No quise tener otra opción:
Tiré tu llamada al mar
                                                  – todo cambia con los años,
                                                   salvo el mar, siempre distinto,
                                                   nuestra culpa, siempre justa,
                                                    y  lo que tiramos al mar-
y el mar me mandó a la mierda.
Y allí todos hablaban
de kamikazes enamorados de lo breve.
Y corrí de miedo
hasta perder mi sombra,
hasta saber que nadie, nunca,
volvería a decir lo que no quiero oir.
Hasta llegar a la soledad maestra,
acabar mi testamento
y legar mi indolencia,
mi tapiz de cobardes colores,
mi legitimada estupidez,
y los cumpleaños diarios de mis naufragios
a los malos poemas,
a los buenos bares,
al frenazo de las tortugas,
a las traducciones de los analfabetos,
a la dueña maltratada
del ron de las cinco.
 
——————————-
 
Despertar pronto no es bostezar temprano si uno se inyecta un puñado de canciones inolvidables, de esas que piden, sin necesidad de gritar, paladearse hasta el detalle, ese detalle del que hablaba Nabokov cuando hablaba de la mejor literatura.
No hay mañana que se resista a estos temas para cualquier estación, que no para cualquier carácter. Canciones para creértelas aunque no sean para ti, aunque jamás las protagonices, aunque tu cromo no quiera pegarse en ningún álbum. Aunque caiga el cielo y te desnuque: La fe y sus sorpresas.
El amanecer, así, vale la pena. O al menos es distinto al de ayer, al del de cualquier fulano. O al menos, así, te engaña. Te engañas.

Y llegas así ( ¿cómo? ) a un poema de Carlos Marzal,el del Pozo Salvaje. Y aceptas, como te piden esos versos, brindas y bebes. Y sales de ese pozo como quien sale de un mal sueño, sabiendo que no has salido de allí del todo. Y que la parte de ti que ha salido volverá, como todos vuelven, al fondo del fondo, a la boca de ese lobo que eres tú. Hasta que vuelva a sonar una canción y de nuevo se haga el engaño, la magia gris, el mundo escaso. Pero lo que dices ya está en ese poema.
Eso, mejor el silencio. Que lo oiga todo el mundo.

——————————–
 

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Posibilidades, de Wislawa Szymborska.

Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del Warta.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener a la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo insectil al estelar.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que el ser tiene su razón.

De "Gente en el puente" 1986       
——————————————-

 
Cuando me beba esta botella

Cuando me beba esta botella la volveré a llenar de agua

y se quedará en el frigorífico hasta mañana.

Mañana me la volveré a beber.

Distinta agua, aunque parezca la misma,

para distinta sed, aunque parezca la misma,

como pasa con las sombras,

con las sonrisas,

con las dictaduras,

con las cartas de amor,

con aquello que es tema de los que escribimos

pero nunca de lo que decimos.

Y cuando me beba esta botella me iré a la cama,

que sólo me queda dormir para saber que estoy vivo,

para saber que somos un espejo sin otro lado

o para saber que somos el otro lado, directamente.

Y directamente al fondo de lo trivial se irá lo que estás leyendo

tú,

lector diagonal

de acantilados sin gusto.

Lector que sabes que ya voy terminando,

que falta un remate,un adiós, un cedegé

y luego acabaré la botella,

la llenaré,

la meteré en el frigorífico

y dejaré que alguien sueñe con que el agua no se enfría, sino arde,

con que el que ha metido allí la botella no está escribiendo, sino soñando

con una llama de agua.

Distinto fuego para distinta sed.

Aunque parezcan lo mismo.

Porque hoy todo parece lo mismo.

Como pasa con las noches, las canciones, los números,

las soledades con miedo,

los pensamientos prohibidos.

 

C.D.G

 

 

 

 

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Me parece que laten todas y cada una de las gotas de lluvia que han caído hoy en la ciudad. Secas ya, invisibles, pero laten. Pero hablemos de recuerdos.
 
Joe Brainard (pintor) como Perec, como Mastroiani, como las estatuas, como casi todos nosotros, se acordaba de cosas. Cosas que escribió  que se publicaron en España hace un par de años. Cosas que le clavan en una generación pasada ( Me acuerdo del día que dispararon a John Kennedy) y en muchas anteriores y posteriores, como la nuestra ( Me acuerdo de la gente muy mayor cuando yo era muy joven. Sus casas olían raro). No sé si él se acordó ( yo sí ) de esa persona que un día despertó en un mundo en el que todas las cosas eran lo que parecían; esa persona que no sobrevivió a ese mundo.
Pero Joe Brainard recordaba, he dicho. Aquí, un botón.
 
Me acuerdo de lo bien que puede saber un vaso de agua después de un tazón de helado.
 
Me acuerdo del día que murió Marilyn Monroe.
 

Me acuerdo de muchos primeros días de colegio. Y de ese sentimiento de vacío.

Me acuerdo de muchos septiembres.

Me acuerdo de esa sacudida que te da justo antes de quedarte dormido. Como cayéndote.

Me acuerdo de las fuentes que empiezan por un chorro pequeño y cuando pones la cara sale un chorro gigante que se mete en toda la nariz.

Me acuerdo de lo que cuesta poner fin con naturalidad a una carcajada en público.

Me acuerdo de los cumpleaños.

 

"Siempre debe ser de noche, si no fuera así no necesitarían luces"

"No toques todo (o todo el tiempo) deja cosas pasar (déjalos siempre con ganas de más) – sólo imagina algunas partes. Lo que no tocas puede ser más importante que lo que quieres tocar. Una nota puede ser pequeña como un alfiler o tan grande como el mundo, eso depende de tu imaginación"

"Un genio es aquel que más se parece a sí mismo"

Thelonious Monk, pianista (  Anotaciones encontradas en una hoja donde daba consejos a su saxofonista Steve Lazy)

 

 

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A mí no me engañan:
Los yates del puerto no están dormidos.
Cuando los baila la brisa, como hoy,
hacen un ruido, una canción,
algo tan parecido a un concierto de cencerros,
que los convierte en vacas perezosas
y atentas a no sé qué.
Se balancean como vacas.
Su blanco es blanco-vaca.
Pero el Mediterráneo,
que a veces se convierte en cielo,
nunca será un prado asturiano,
por muy metafórica que se ponga la tarde.
Y eso y mi mirada afilada los devuelve a lo que son:
caprichos que quisieran pastar
pero flotan.
Frustraciones al son del tolón-tolón.
 
 
C.D.G.
 
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Si los yates pudieran echar de menos, cantarían canciones como ésta.
The Wave Pictures: Pensé en ti otra vez.
 
  
 
I wrote a thousand verses,
Each one about doctors and nurses.
On paper napkins in diners
and wrote the titles on matchsticks.

Tucked them in the left breast pocket
of a tattered silk check shirt
And threw the shirt away
into the shadow of a corner
of a northern Spanish bar
without brass in the backline
but shutters on the doors
and twenty, thirty people
in clusters on the floor,
looking anywhere but at each other.

Between the runners of a busted wooden pier
before the beers with Tracy on the bottle.

And I thought of you at the airport
and I was still thinking of you on the plane.
And when the police took my passport
and wrote down my name –
I thought of you again.

I was doing press-ups in the hotel lobby;
The lobby with me was unimpressed.
I managed five, but I was barely alive,
when I rolled over to rest.

And I thought of all your illnesses
and your incredible strength
And I guess that it meant that I missed you.

And I though of all the little things that always made you tense
and I wished I was able to tell you that
I’d have learnt a thousand tricks to make them disappear
With whispers in the ear
and kisses.

And I though about your lips, your mouth, your smile, your laugh, your lips
your lips, your mouth, your smile, your laugh, your lips.

And I though of you in Sweden
Like I’d been thinking of you all over Spain.

And when the pissed up student girls teased me
with the sound of my own name –
I thought of you again.

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Los de la chupa de cuero caro sólo creían lo que decía el poeta borracho
y lamían su sombra con los ojos cerrados y peligrosos del devoto.
Sólo existía el poeta borracho:
Bukowski o
Chinaski o
Ski con espadas en los pies.
Y así, con esa fe y ese aliento, fueron en estática romería
hasta sus últimas verdades.
Aplaudieron El vómito y se extasiaron ante El erupto.
El olor a basura era el lirio de la primavera.
Y en los suelos de los rabiosos versos o pesos del poeta borracho
todos eran protagonistas.
Y un día, pasó.
Todos lo dijeron a la vez:
¡somos un enjambre apretando el gatillo!
Pero el gatillo sólo dijo miau.
Y sin embargo…
Y el bang sólo sonó en el comic de colores que jamás leerían.
(ellos sólo leían al poeta borracho y al prospecto de madrugada)
Y sin embargo…
 
Así era el orgulloso blanco y negro de los de la chupa.
Así llegaron, sin moverse, a sus últimas verdades:
una última gota de digno espejismo
un último gramo de fina piel
una última moneda para comprar voluntades o medio sandwich.
Y un recuerdo rasgado de una dignidad en rebajas.
Más que eso:
regalada.
¡Ah! Y un último y definitivo frío,
lejos, vergonzósamente lejos del volcán de los poemas del poeta borracho.
Y aun así
todos seguían siendo protagonistas.
Todos eran una celda hecha de poemas de un muerto.
Todos eramos
– ya podemos dejar a un lado la tercera persona del plural –
un poema muerto hecho de celdas.
Los pájaros nos envidiaban desde el aire,
aunque alguien escuchó a alguno preguntarse si nosotros,
los de la chupa de cuero caro
leíamos o sólo babeábamos.
El aire nos envidiaba desde el aire
mirando nuestros pies
sin espadas, con gusanos,
bajo las flores secas.
Siempre listos para otra romería estática.
Claro que sí.
 
 
¡Qué fuerza da ser tan feliz!
 
C.D.G
 
 
 

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