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Archive for 8/05/10

Los de la chupa de cuero caro sólo creían lo que decía el poeta borracho
y lamían su sombra con los ojos cerrados y peligrosos del devoto.
Sólo existía el poeta borracho:
Bukowski o
Chinaski o
Ski con espadas en los pies.
Y así, con esa fe y ese aliento, fueron en estática romería
hasta sus últimas verdades.
Aplaudieron El vómito y se extasiaron ante El erupto.
El olor a basura era el lirio de la primavera.
Y en los suelos de los rabiosos versos o pesos del poeta borracho
todos eran protagonistas.
Y un día, pasó.
Todos lo dijeron a la vez:
¡somos un enjambre apretando el gatillo!
Pero el gatillo sólo dijo miau.
Y sin embargo…
Y el bang sólo sonó en el comic de colores que jamás leerían.
(ellos sólo leían al poeta borracho y al prospecto de madrugada)
Y sin embargo…
 
Así era el orgulloso blanco y negro de los de la chupa.
Así llegaron, sin moverse, a sus últimas verdades:
una última gota de digno espejismo
un último gramo de fina piel
una última moneda para comprar voluntades o medio sandwich.
Y un recuerdo rasgado de una dignidad en rebajas.
Más que eso:
regalada.
¡Ah! Y un último y definitivo frío,
lejos, vergonzósamente lejos del volcán de los poemas del poeta borracho.
Y aun así
todos seguían siendo protagonistas.
Todos eran una celda hecha de poemas de un muerto.
Todos eramos
– ya podemos dejar a un lado la tercera persona del plural –
un poema muerto hecho de celdas.
Los pájaros nos envidiaban desde el aire,
aunque alguien escuchó a alguno preguntarse si nosotros,
los de la chupa de cuero caro
leíamos o sólo babeábamos.
El aire nos envidiaba desde el aire
mirando nuestros pies
sin espadas, con gusanos,
bajo las flores secas.
Siempre listos para otra romería estática.
Claro que sí.
 
 
¡Qué fuerza da ser tan feliz!
 
C.D.G
 
 
 

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