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Archive for 13 mayo 2010

Me parece que laten todas y cada una de las gotas de lluvia que han caído hoy en la ciudad. Secas ya, invisibles, pero laten. Pero hablemos de recuerdos.
 
Joe Brainard (pintor) como Perec, como Mastroiani, como las estatuas, como casi todos nosotros, se acordaba de cosas. Cosas que escribió  que se publicaron en España hace un par de años. Cosas que le clavan en una generación pasada ( Me acuerdo del día que dispararon a John Kennedy) y en muchas anteriores y posteriores, como la nuestra ( Me acuerdo de la gente muy mayor cuando yo era muy joven. Sus casas olían raro). No sé si él se acordó ( yo sí ) de esa persona que un día despertó en un mundo en el que todas las cosas eran lo que parecían; esa persona que no sobrevivió a ese mundo.
Pero Joe Brainard recordaba, he dicho. Aquí, un botón.
 
Me acuerdo de lo bien que puede saber un vaso de agua después de un tazón de helado.
 
Me acuerdo del día que murió Marilyn Monroe.
 

Me acuerdo de muchos primeros días de colegio. Y de ese sentimiento de vacío.

Me acuerdo de muchos septiembres.

Me acuerdo de esa sacudida que te da justo antes de quedarte dormido. Como cayéndote.

Me acuerdo de las fuentes que empiezan por un chorro pequeño y cuando pones la cara sale un chorro gigante que se mete en toda la nariz.

Me acuerdo de lo que cuesta poner fin con naturalidad a una carcajada en público.

Me acuerdo de los cumpleaños.

 

"Siempre debe ser de noche, si no fuera así no necesitarían luces"

"No toques todo (o todo el tiempo) deja cosas pasar (déjalos siempre con ganas de más) – sólo imagina algunas partes. Lo que no tocas puede ser más importante que lo que quieres tocar. Una nota puede ser pequeña como un alfiler o tan grande como el mundo, eso depende de tu imaginación"

"Un genio es aquel que más se parece a sí mismo"

Thelonious Monk, pianista (  Anotaciones encontradas en una hoja donde daba consejos a su saxofonista Steve Lazy)

 

 

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A mí no me engañan:
Los yates del puerto no están dormidos.
Cuando los baila la brisa, como hoy,
hacen un ruido, una canción,
algo tan parecido a un concierto de cencerros,
que los convierte en vacas perezosas
y atentas a no sé qué.
Se balancean como vacas.
Su blanco es blanco-vaca.
Pero el Mediterráneo,
que a veces se convierte en cielo,
nunca será un prado asturiano,
por muy metafórica que se ponga la tarde.
Y eso y mi mirada afilada los devuelve a lo que son:
caprichos que quisieran pastar
pero flotan.
Frustraciones al son del tolón-tolón.
 
 
C.D.G.
 
—————————–
Si los yates pudieran echar de menos, cantarían canciones como ésta.
The Wave Pictures: Pensé en ti otra vez.
 
  
 
I wrote a thousand verses,
Each one about doctors and nurses.
On paper napkins in diners
and wrote the titles on matchsticks.

Tucked them in the left breast pocket
of a tattered silk check shirt
And threw the shirt away
into the shadow of a corner
of a northern Spanish bar
without brass in the backline
but shutters on the doors
and twenty, thirty people
in clusters on the floor,
looking anywhere but at each other.

Between the runners of a busted wooden pier
before the beers with Tracy on the bottle.

And I thought of you at the airport
and I was still thinking of you on the plane.
And when the police took my passport
and wrote down my name –
I thought of you again.

I was doing press-ups in the hotel lobby;
The lobby with me was unimpressed.
I managed five, but I was barely alive,
when I rolled over to rest.

And I thought of all your illnesses
and your incredible strength
And I guess that it meant that I missed you.

And I though of all the little things that always made you tense
and I wished I was able to tell you that
I’d have learnt a thousand tricks to make them disappear
With whispers in the ear
and kisses.

And I though about your lips, your mouth, your smile, your laugh, your lips
your lips, your mouth, your smile, your laugh, your lips.

And I though of you in Sweden
Like I’d been thinking of you all over Spain.

And when the pissed up student girls teased me
with the sound of my own name –
I thought of you again.

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Los de la chupa de cuero caro sólo creían lo que decía el poeta borracho
y lamían su sombra con los ojos cerrados y peligrosos del devoto.
Sólo existía el poeta borracho:
Bukowski o
Chinaski o
Ski con espadas en los pies.
Y así, con esa fe y ese aliento, fueron en estática romería
hasta sus últimas verdades.
Aplaudieron El vómito y se extasiaron ante El erupto.
El olor a basura era el lirio de la primavera.
Y en los suelos de los rabiosos versos o pesos del poeta borracho
todos eran protagonistas.
Y un día, pasó.
Todos lo dijeron a la vez:
¡somos un enjambre apretando el gatillo!
Pero el gatillo sólo dijo miau.
Y sin embargo…
Y el bang sólo sonó en el comic de colores que jamás leerían.
(ellos sólo leían al poeta borracho y al prospecto de madrugada)
Y sin embargo…
 
Así era el orgulloso blanco y negro de los de la chupa.
Así llegaron, sin moverse, a sus últimas verdades:
una última gota de digno espejismo
un último gramo de fina piel
una última moneda para comprar voluntades o medio sandwich.
Y un recuerdo rasgado de una dignidad en rebajas.
Más que eso:
regalada.
¡Ah! Y un último y definitivo frío,
lejos, vergonzósamente lejos del volcán de los poemas del poeta borracho.
Y aun así
todos seguían siendo protagonistas.
Todos eran una celda hecha de poemas de un muerto.
Todos eramos
– ya podemos dejar a un lado la tercera persona del plural –
un poema muerto hecho de celdas.
Los pájaros nos envidiaban desde el aire,
aunque alguien escuchó a alguno preguntarse si nosotros,
los de la chupa de cuero caro
leíamos o sólo babeábamos.
El aire nos envidiaba desde el aire
mirando nuestros pies
sin espadas, con gusanos,
bajo las flores secas.
Siempre listos para otra romería estática.
Claro que sí.
 
 
¡Qué fuerza da ser tan feliz!
 
C.D.G
 
 
 

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¿Quién dijo que la verdad era una utopía? La verdad está donde uno quiera encontrarla.Recuerdo una comida con uno de mis mejores amigos. Todo iba como siempre (jaja, jeje, juju) hasta que, mi amigo, antes de comerse un trozo de filete, lo miró y empezó a llorar como se llora ante las sorpresas, como se llora cuando no se sabe si el llanto es de pena o de alegría. Me quedé boquiabierto, pero pude hablar. Cuando le pregunté por el porqué de esas lágrimas me dijo moqueando:
-¿Sabes? Este filete no miente, este filete me ha abierto los ojos.Este filete pone en jaque todo lo que he vivido hasta ahora porque todo lo que he vivido ha sido, y lo sé por este pedazo de carne, una farsa de primera calidad. Este filete soy yo. Y yo ahora, por primera vez, puedo decir que veo.
 
El silencio que allí se hizo no lo olvidaré nunca. Pero tuve que actuar:
– ¿Me lo puedo comer yo entonces?, le pregunté.- Indignado, salió del restaurante gritando a lo Brando en Un Tranvía Llamado Deseo. No le he vuelto a ver, pero el filete estaba cojonudo. Muy poco hecho, como a mi me gusta. Sí, la verdad de mi amigo sangraba. 
 
La verdad, abstracta idea maleable que ha traído guerras, carcajadas, odios, amores partidos en tres e instintos suicidas…yo encuentro la verdad, por ejemplo,en el amanecer de mis paredes y en algunas manifestaciones artísticas( no hablo del Nunca Mais,no hablo de La Defensa de la Familia, hablo del arte y sus granos), por ejemplo (redoble, caballero) en algunas cosas de Wainwright, Rufus Wainwright, licencia para emocionar. Con el abrigo de su banda o desnudo con su piano. Me lo creo hasta cuando miente ( como me ocurre con las mejores verdades ), hasta cuando se viste de diva, hasta cuando su ego parece el Nilo desbordado. Me creo sus letras ( duelan o rían, sean suyas o del Bardo, hablen del rencor a su padre, del amor a su madre, de sus amantes enterrados,del placer de la vida, de la necesidad del amor o del querer (y punto y amarte), de la esclavitud de las drogas, de huidas de vértigo o de la mayor trivialidad del universo), me creo sus melodías, como si no las tocaran sus dedos sino mis recuerdos de mañana. Me creo su voz, claro. Y sus arreglos, ya sean barrocos o de andar por casa. Me creo, en definitiva, sus canciones.
Si Ana Torroja cantó que andamos justos de genios,pues debemos cuidar a esos pocos genios, que Mecano, a veces, daba en el clavo con sus rimas infantiles. Hay pintores grandes, hay cineastas grandes, hay escritores grandes, hay arquitectos grandes, hay músicos grandes. Grandes, aunque sean luego inútiles para hacer un huevo frito o hacer feliz a su pareja,su perro, su espejo. Este diminuto mundo está lleno de gente grande. Se trata de que te estremezcan o te hagan feliz, de que el mundo quepa en lo que oyes, miras o lees. Se trata de gustos, lo sé. Nada más inexplicable que los gustos. Y en los mios encaja Rufus, entre tantos otros que se pasean con total impunidad por está página anémica y pasearán, forever, que diría Punsi. Ya sean argentinos on the rock, franceses con grandes ilusiones, ingleses fabulosos, japoneses oníricos, marcianos que son droga, bla, bla,bla, rebla en cuadros, libros, películas o más canciones. La verdad cabe en tres minutos,en 547 páginas o en 2 x 1,50. Hoy le toca al canadiense por puro azar o no. Mañana, quizás, a Ray Davies, Berlanga, Faulkner, Bustamante, Turner o Sibelius.
No sé si la verdad nos hace libres o no, pero sí sé (me lo dijo la absenta con voz de montaña) que la verdad no es el reverso de la mentira, sino de la oscuridad, y no hablo de bombillas apagadas o de noches sin luna. Es decir, el reverso de casi todo. Es decir, un pellizco de luz en mitad de ninguna parte.
O sea, ni puta idea. Porque todo esto es una excusa…
Se trata de poner tres canciones de Rufus en distintos trajes musicales. Se trata de callarse y escuchar. Pues vale.
 

 

 
Y la primera que se coló en este basurero:
 

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CARLOS MARZAL:
 
El pozo salvaje

Por más que aburras esa melodía
monótona y brumosa de la vida diaria,
y que te amansa;
por más lobo sin dientes que te creas;
por más sabiduría y experiencia y paz de espíritu;
por más orden con que hayas decorado las paredes,
por más edad que la edad te haya dado,
por muchas otras vidas que los libros te alcancen,
y añade lo que quieras a esta lista,
hay un pozo salvaje al fondo de ti mismo,
un lugar que es tan tuyo como tu propia muerte.
Es de piedra y de noche, y de fuego y de lágrimas.
En sus aguas dudosas
reposa desde siempre lo que no está dormido,
un remoto lugar donde se fraguan
las abominaciones y los sueños,
la traición y los crímenes.
Es el pozo de lo que eres capaz
y en él duermen reptiles, y un fulgor
y una profunda espera.
En tu rostro también, y tú eres ese pozo.

Ya sé que lo sabías. Por lo tanto,
Acepta, brinda y bebe.

 

—————————————-

Le pidió un segundo para hablar

y le tomó un mundo para callarse.

El sofá era ya un ataud

y la primavera una marcha fúnebre

que nace en la sonrisa de un pétalo sátrapa

y muere en el picor de sus caricias de hierro.

Le pidió un segundo para hablar

y algo para mojar la pena.

Su mirada era ya un alud

que enterraba

todo lo que diera calor,

todo lo que diera vida.

Con eso mojó la pena,

con eso trató de mirar

– por la ventana o por los dedos-

algo nuevo.

                                 Nada.

Y así hubo de acabar este poema:

Bajo el manto de dos ojos

y un silencio del tamaño de un mundo

que babea y sangra y baila

entre las líneas ya escritas.

 

Ya es tarde para limpiar.

C.D.G

 

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Tu llamada perdida la encontré
dentro del ron de las cinco que te robé a las siete.
La saqué, la sequé, la escuché.
Hablaba tu llamada
de epicentros renqueantes,
atontados de tanto terremoto calcado.
No quise tener otra opción:
Tiré tu llamada al mar
                                                  – todo cambia con los años,
                                                   salvo el mar, siempre distinto,
                                                   nuestra culpa, siempre justa,
                                                    y  lo que tiramos al mar-
y el mar me mandó a la mierda.
Y allí todos hablaban
de kamikazes enamorados de lo breve.
Y corrí de miedo
hasta perder mi sombra,
hasta saber que nadie, nunca,
volvería a decir lo que no quiero oir.
Hasta llegar a la soledad maestra,
acabar mi testamento
y legar mi indolencia,
mi tapiz de cobardes colores,
mi legitimada estupidez,
y los cumpleaños diarios de mis naufragios
a los malos poemas,
a los buenos bares,
al frenazo de las tortugas,
a las traducciones de los analfabetos,
a la dueña maltratada
del ron de las cinco.
 
C.D.G
 
 —————————————-
El tuerto le dijo al manco:
 ¿ Oyes al mundo ? Hasta las aceras piden a veces ayuda.
Nosotros no, que pedir ayuda es de valientes.
 
C.D.G.
 
 
 

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Despertar pronto no es bostezar temprano si uno se inyecta un puñado de canciones inolvidables, de esas que piden, sin necesidad de gritar, paladearse hasta el detalle, ese detalle del que hablaba Nabokov cuando hablaba de la mejor literatura.
No hay mañana que se resista a estos temas de cualquier estación, que no para cualquier carácter. Canciones para creértelas aunque no sean para ti, aunque jamás las protagonices, aunque tu cromo no quiera pegarse en ningún álbum. Aunque caiga el cielo y te desnuque: La fe y sus sorpresas.
El amanecer, así, vale la pena. O al menos es distinto al de ayer, al del de cualquier fulano. O al menos, así, te engaña. Te engañas.
 
 
 
  
 
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Y llegas así ( ¿cómo? ) a un poema de Carlos Marzal,el del Pozo Salvaje. Y aceptas, como te piden esos versos, brindas y bebes. Y sales de ese pozo como quien sale de un mal sueño, sabiendo que no has salido de allí del todo. Y que la parte de ti que ha salido volverá, como todos vuelven, al fondo del fondo, a la boca de ese lobo que eres tú. Hasta que vuelva a sonar una canción y de nuevo se haga el engaño, la magia gris, el mundo escaso. Pero lo que dices ya está en ese poema.
Eso, mejor el silencio. Que lo oiga todo el mundo.
 
C.D.G
 
 

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