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Archive for 25 junio 2010

Te asomas al balcón y ves que el paisaje te ha cambiado. Ves que sigues siendo el mismo, lo mismo. Pero sin ruido ahí abajo; sólo ahí abajo.
Te asomas a la pantalla y ves que cinco años van y vienen desde que se abriera este cajón desastre.
Sólo se salvan de la cremà las palabras ajenas y las buenas canciones.
Así que, hoy (cuando el televisor sólo hablará de goles, de Jacko, de cuerpos destripados) a los cinco años, se impone, por un invisible milagro, el buen gusto y la emoción: Lo que otros escriben, lo que otros cantan.
Y que sean ellos los que soplen las velas de una tarta de la que no mereces bocado.
Vuelves a asomarte y el cielo que se aproxima te enseña una sonrisa que no abarca tu mirada, que pasará sobre ti hasta llegar a quien lo merece, para abrigarle siempre, siempre, siempre. Sin importar los años, las palabras ajenas, las canciones, tus escondites, las certezas del futuro, las cenizas de lo que ayer ardió.
 
 

 
 
William Shakespeare
Macbeth (fragmento)

" Me pareció oír una voz que gritaba: «¡No dormirás más!… ¡Macbeth ha asesinado el sueño!» ¡El inocente sueño, el sueño, que entreteje la enmarañada seda floja de los cuidados!… ¡El sueño, muerte de la vida de cada día, baño reparador del duro trabajo, bálsamo de las almas heridas, segundo servicio en la mesa de la gran Naturaleza, principal alimento del festín de la vida! "

Fernando Pessoa
El misterio de las cosas

" IV
El misterio de las cosas, Dónde está?
Si apareciese, al menos,
para mostrarnos que es misterio
qué sabe de esto el río, qué sabe el árbol?
Y yo, que no soy más, qué se yo?
Siempre que veo las cosas
y pienso en lo que los hombres piensan de ellas,
río con el fresco sonido del río sobre la piedra.

El único sentido de las cosas
es no tener sentido oculto.
más raro que todas las rarezas,
más que los sueños de los poetas
y los pensamientos de los filósofos,
es que las cosas sean realmente lo que parecen ser
y que no haya nada que comprender.

Sí, eso es lo único que aprendieron solos mis sentidos:
las cosas no tienen significación, tienen existencia.
las cosas son el único sentido oculto de las cosas.

IX
Todos los dias descubro
la espantosa realidad de las cosas:
cada cosa es lo que es.
Que difícil es decir esto y decir
cuanto me alegra y me basta.
para ser completo existir es suficiente.

He escrito muchos poemas.
Claro, he de escribir otros más.
cada poema mío dice lo mismo,
cada poema mío es diferente,
cada cosa es una manera distinta de decir lo mismo.

A veces miro un piedra.
no pienso que ella siente,
no me empeño en llamarla hermana.
Me gusta por ser piedra,
me gusta porque no siente,
me gusta porque no tiene parentesco conmigo.

Otras veces oigo pasar el viento:
Vale la pena haber nacido
sólo por oír pasar el viento.

No se que pensarán los otros al leer esto;
creo que ha de ser bueno porque lo pienso sin esfuerzo;
lo pienso sin pensar que otros me oyen pensar,
lo pienso sin pensamientos,
lo digo como lo dicen las palabras.

Una vez me llamaron poeta materialista.
y yo me sorprendí: nunca habia pensado
que pudiesen darme este o aquel nombre.
ni siquiera soy poeta: veo.
Si vale lo que escribo, no es valer mío.
el valer esta ahí, en mis versos.
todo esto es absolutamente independiente de mi voluntad.
"

 
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Existiré
cuando hablen de mí en pasado,
cuando mis fotos digan más que mi lengua,
cuando los recuerdos que tengan de mí sean relojes de cera.
 
Entonces existiré.
Y cada hoja que planee del otoño al suelo
será para mí un infarto
o el beso perfecto.
Y las canciones más bellas me harán crecer alas
con las que volar,
con las que esconder mis fracasos y mis juguetes.
 
Y el cielo siempre será del color de tus ojos cerrados.
 
Y la ciudad parirá versos,
los recitarán sus tripas, el ámbar,
los escaparates y sus mentiras,
las rosas sin olor, la marca de los vasos,
el precio de todas las cosas,
los miedos del fin del mundo,
las carcajadas sin fin, de otro mundo.
Y sólo yo
                             -desde dónde-
oiré esos versos.
 
Sólo yo les entregaré una lágrima 
en honor del que no existió
cuando todos lo daban por vivo.
 
Sólo ellos sabrán
en qué se convierte esa lágrima.
Y qué les dice el yo de las fotografías.
 
Y el cielo siempre será del color de tus ojos cerrados.
 
 
C.D.G
 
 
 
 

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Saben que les miro, pero no que les conozco. Miro a Los Acuchilladores y sé que les duele la espalda, que maldicen el parquet que les da de comer, que no agradecen el calor que viene de la ciudad pero que adoran la ciudad, por eso preferirían levantarse, dejar el suelo en carne viva, acabarse la botella de vino mientras miran por la ventana las calles y vagar por esas calles abrazados, riendo, señalando las diferencias, jugando a ser pájaros hasta notarse el vacío en sus bolsillos y la sequedad en el futuro. Y entonces, frente algún escaparate de croissants, saberse sin alas.
¿O sólo son un saco de pinceladas?
 
 
Caillebotte, 1875
 
 
Los Davies, más allá de los sesenta, emocionantes:
 
 
 
Roger Hodgson, de Supertramp, con una de sus obras maestras, en una versión "a dos" que sólo youtube ha conseguido que descubra. Youtube  y la gente que pone esos regalos, siempre ahí.
 
 
 
 
 
 

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Hoy es Bloomsday. Hoy, hace tiempo, paseó Joyce, por Dublín, con su todavía desconocida Nora, comenzando algo que murió con ellos. Hoy, hace nada, pasado mañana, Leopold Bloom, Stephen Dedalus y Molly patearon un Dublín entre soñado y vivido, escrito desde fuera de Irlanda, desde dentro del recuerdo. Y se sigue conmemorando ese hito de la literatura, ese juego interminable a lomos del lenguaje, la vida y el pensamiento. Ese juego que tanto dolor de cabeza dio a los mal pensantes de una época que no esperaba ese relámpago.
Pero antes del Ulises, Joyce escribió Dublineses, un retrato oscuro de sus vecinos. Un retrato que acaba así. Nada menos. Por segunda o tercera vez, lo pongo, con imágenes fieles de John Huston:
 
En español:
En inglés:
 

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Me acabaré con el mundo a medio hacer.
Completo en lo incompleto
intentarán quemarme.
Siempre fueron incómodos los finalizados.
Siempre se supieron llenos de verdad y la verdad,
como las hombreras,
nunca está bien vista en estos tiempos de instantes,
de eructos catódicos,
de mundos siempre a medio hacer,
siempre en boceto,
siempre mejores que yo.
 
C.D.G
 
 
  

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A pesar de los folios de mi mesa y las mesas de mi cabeza, noto que empieza el Mundial de fútbol, con todo lo que eso tiene de regreso a la adolescencia de hace unos minutos (con recuerdos grabados tan bien que asusta), a imágenes icónicas ( las que han pasado y las que vendrán en estos dias y no olvidaremos), a decepciones siempre propias y éxitos siempre ajenos, ambos exagerados. A áridos momentos de aburrimiento y a poesía inesperada y fugaz, versos de un regate imposible o de un gol que nadie vio salvo la ilusión partida en tantos pedazos como papelitos pueblan algunos estadios. Vuelve el Mundial, con lo que tiene de vuelta a apuestas que quizás quiebren (como cuando digo ahora que para mi  los favoritos son España, Argentina e Inglaterra). A jugadores que alzan sus ojos y sus dedos al cielo de su dios cuando meten o fallan un gol. A un público entregado que clava sus ojos y sus dedos en esos jugadores, vestidos de dioses en pantalón corto, soltando sermones con los pies ante una audiencia multimillonaria que cree durante un mes que su nación no sufre con sus crisis sangrantes, sino que vuela o se hunde dependiendo de donde acabe un balón sin patria.
Empieza el Mundial, con todo lo que tiene de emoción. Emoción irracional, claro: la única creible. La única peligrosa.
Hay otros partidos posibles. Lo saben los grandes filósofos y las noches de viernes.
 
C.D.G
 
 

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Wislawa  Szymborska

La habitación del suicida

Seguramente crees que la habitación estaba vacía.
Pues no. Había tres sillas bien firmes.
Una lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos.
Un buda despreocupado. Un cristo pensativo.
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Crees que no estaban en ella nuestras direcciones?

Seguramente crees que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una reanimante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor cordial.
Alegría, divina chispa.
Odiseo sobre el estante durmiendo un sueño reparador
tras las fatigas del canto quinto.
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.

No parecía que de esta habitación no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.

Las gafas para ver a lo lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.

Seguramente crees que cuando menos la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.

——————

Luis Rosales

Autobiografía

Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,

sabiendo que jamás me he equivocado en nada,

sino en las cosas que yo más quería.

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