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Archive for 30 agosto 2010

Sé que romperás esta tarde
como yo tus cartas,
pero seguirá habiendo atascos en el centro de la ciudad.
Sé que temblarás con tus preguntas
como yo con tus besos,
pero seguirá habiendo circos en las casas.
Y sé que creerás en la lluvia que cae sobre el mar
como yo en los bancos de madera.
Pero seguirán los perros ladrando el fin del mundo
y un ladrido nunca miente
y lo que decimos en futuro
jamás vendrá en presente.
 
Así que pensemos,
que ya tiembla el humo.
 
Sabemos que el futuro nos recordará así,
como una sonrisa y un látigo,
como el lomo de un caballo acariciando
seis gotas de vinagre
o
el primer rayo de sol.
Serás la parte admirable
( háganle fotos sin flash)
Seré la parte oscura
( tírenle colillas y papeles muertos).
 
O quizás me equivoco.
Quizás,
es posible 
 -Por qué no-
tengamos tanta suerte que
cuando todo acabe,
cuando no haya atascos que oxigenar
ni circos de tres habitaciones,
cuando las rosas sean grises y tu piel un horizonte de Turner,
cuando los perros callen porque tengan razón
y las palabras sean fósiles
y el cielo se mire en los cristales rotos
quizás,
es posible,
nada sepa que hemos estado aquí,
nada indique que nos hayan recordado antes.
Y si nos han recordado
esos recuerdos serán, como todo,
restos de un naufragio definitivo.
Y todo morirá,
quizás,
sin que parezca
que hayamos nacido.
Como el resto del mundo,
vacío como un libro sin abrir.
 
 
C.D.G
 
 
 
 
 

 
 
 

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Si fueras una tarde, serías un día.
                                 Joan Brossa
 
Cuando te sientes invierno
dibujas en el mar montañas como flanes,
esculpes en el cielo silencios como lanzas,
muerdes en mis ojos raíces que te añoran.
 
Cuando te sientes invierno
desnudas tu espejo,
desinflas tus pasos,
y silbas en mis ojos recuerdos que te afloran.
 
Cuando te sientes invierno
el tiempo se desmaya en tus brazos
y despierta cuando se van
las montañas,
los silencios,
las raíces.
Cuando el suelo vuelve a ser tu cielo de cada noche.
Cuando mis ojos vuelven a ser pozo.
Y tú:
verano,
sinceridad.
Este lado de la herida.
 
 
 
C.D.G
 
   
 

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Están tan nublados mis ojos que apenas veo lo que escribo. Tan descosida mi cabeza que apenas nace en ella una frase con sujeto, verbo, predicado y sentido. Nada nuevo, me dirás si me hablas. Nada nuevo, te diré si me escuchas. ¿ Y qué es nuevo? Lo sabes tan bien como yo, pero no desvelemos el secreto a las nuevas generaciones; que lo descubran en los huecos y en las pizzerías. Y nosotros a lo nuestro, a cantarnos las cuarenta mirando la luna o insultando al mar. A marchitarnos con las manos entrelazadas, sabiendo que quien de verdad se perderá y apestará seré yo y que tú eres una primavera tras otra. El cambio climático llegó con tu aparición, pero Al Gore no sabe que existes (pero sigue forrándose jugando a ser profeta). No sabe que están tan nublados mis ojos que apenas veo que lo escribo.
Mejor así, que sigan nublados mis ojos. Si vieran lo que escribo pararía de escribir. Si lo viera optaría por morderme los dedos hasta quedarme sin ellos, como aquel hamster que tuve. Y tratarían mi caso en las mañanas de Telecinco. Y lo llamarían hambre, ansiedad, síndrome de nombre impronunciable. Yo lo llamaría vergüenza sangrienta, pero en latín, que viste más. Pero tranquila, no tendrás que recogerme entre sudores. No tendrás que limpiar la sangre de los dedos que te acariciaban las siestas. No tendrás que besarme cuando llegues, porque jamás te has ido ( y porque no veo una mierda, ya te lo he dicho más de dos veces ). Porque mi cabeza apenas pare una frase coherente, pero algunas cosas las tiene claras y consigo escribirlas a oscuras: el precio de una bolsa de cacahuetes con miel, las letras de un disco de The New Raemon, el recuerdo de tu mano diciendo hola y adiós a la vez. Alguna vez me dijo mi cabeza que eso, sólo eso, es la vida. Pero pensé que mi cabeza había vuelto a beber y sonreí.
Nada nuevo, diremos los dos cuando ponga el punto y final.
 
 
C.D.G
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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"¿Que cómo son mis canciones?  Pues mire, tengo canciones de cinco, de seis, de siete, de ocho, y aunque usted no se lo crea, hasta de diez minutos"
 
"Lo que más puedo esperar es cantar lo que pienso, y quizás evocar algo en los demás. No me insultes diciéndome que soy una persona con mensaje. Mis canciones no son más que un diálogo conmigo mismo"

 

Bob Dylan

 

Otros vistiéndose con canciones de Dylan

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No se sentían cómodos en aquel lugar, pero ninguno de los dos decidió levantarse y salir de allí, como si quisieran sacar las tripas del misterio de esa incomodidad. Miraban, sentían, olían en busca del origen. No era la temperatura, que era la apropiada, ni el color de las paredes, que resultaba acogedor, ni las sillas, que parecían fabricadas a medida. Eran ellos mismos. En el fondo de ellos mismos sabían que eran las paredes, la temperatura y las sillas las que realmente no se sentían cómodas, las que preferirían largarse de allí y dejar a los dos invitados en mitad de la nada, hasta consumirse en el vacío que mecería sus último alientos, como dos manzanas bajo el sol.
Ellos eran los que incomodaban y ellos los que se engañaban. Ellos eran los observados con desdén o incluso repugnancia, desde esa misma habitación o desde algún sofá vienés, alguna playa alicantina, algún vagón de metro londinense. En las páginas de un libro que miles de personas leen, dos personas desconfían en una habitación y lo pasarán muy mal, por el bien del relato. Tan mal hasta matarse, más allá de la página 200, de odio y angustia. Pero seguirán mintiendo en voz alta hasta el final porque dirán, en una aplaudida última línea, que la culpa siempre es del lugar, nunca nuestra.
 
 
C.D.G
 
 
 
Nick Cave, Warren Ellis:
 
   
 
  

 

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Este fin de semana volvieran a echar en la 2 A Propósito de Buñuel. Y volví a verlo. Porque Buñuel, como París y el hoy, nunca se acaba del todo. Ya allí volvió a aparecer Pepín Bello. Luz.
 
Pepín Bello no escribía, no cantaba, no pintaba, no filmaba. Pero a veces por el mundo pasan personas que destacan nada menos que por ser, por estar, por escuchar, por aglutinar. Eso fue él en aquella Residencia de Estudiantes ( a la que hay que ir cada poco tiempo), conocido de su generación anterior (Unamuno, Valle Inclán) y sobre todo escudero de ese trío irrepetible, de ese Federico, de ese Dalí, de ese Buñuel que lo catalogó así, como un amigo y nada más. Y nada menos.
Vivió mucho más que los tres genios ( 103 años). Y así pudo contar lo que vieron sus ojos. Callar lo que quiso callar su boca. Y todo con una maestría que hace imposible quitar los oídos de lo que dice.
En A Propósito de Buñuel dice que a veces se sorprende de como pudo ser amigo de esa gente. Supongo que la respuesta está precisamente, en esa duda.
Eran tres cambiando la cultura española. Y Pepín rondando; le verían, supongo, como una penúltima copa, como la siguiente carcajada: siempre cerca, siempre fiel.
 
 
Presentación e imágenes de un documental sobre él.
 

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