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Archive for 30 noviembre 2010

Pues sí. Un baño.Y el semiadulto que es es niño durante dos horas quiere largarse en mitad del partido, pero aguanta: cabeza alta y una frase: Pues sí, queda mucha liga para el Madrid y para el Hércules ( de baloncesto ni hablo, pero digo lo mismo).

Así que, ¿ para qué leer crónicas sobre lo que ya has visto? ¿ para qué hurgar en una herida que no lo es porque la experiencia te dice lo que suele hacer el Madrid al final?(ganar). Mejor hablar con ese hombrecito de bigotes y párpados hinchados.

Hola Proust, ¿ se puede ? Pues dame frases largas, absorbentes. De esas, de esas. ¿ El comienzo de Por el camino de Swann?Vale, vale. Lo releo, imaginándote en el 102 del Boulevard Haussmann de París, aislado, encerrado en paredes forradas de corcho ( huelo el corcho y la tinta de tu pluma, pero como si oliera a otra cosa. No, a magdalena con té no), perdido en la monumental obra de tu vida, detestada y amada ( tu vida y tu obra). Perdido en tu memoria, porque sabes que el ayer vuelve sin que te des cuenta, como un petardo en la casa de enfrente ( A eso, a pólvora también huele tu cuarto).

Mucho tiempo he estado acostándome temprano. A veces, apenas había apagado la bujía, cerrábanse mis ojos tan presto, que ni tiempo tenía para decirme: “Ya me duermo”. Y media hora después despertábame la idea de que ya era hora de ir a buscar el sueño; quería dejar el libro, que se me figuraba tener aún entre las manos, y y apagar de un soplo la luz; durante mi sueño no había cesado de reflexionar sobre lo recién leído, pero era muy particular el tono que tomaban las reflexiones, porque me parecía que yo pasaba a convertirme en el tema de la obra, en una iglesia, en un cuarteto, en la rivalidad de Francisco I y Carlos V. Esta figuración me duraba aún unos segundos después de haberme despertado: no repugnaba a mi razón, pero gravitaba como unas escamas sobre mis ojos sin dejarlos darse cuenta de que la vela ya no estaba encendida. Y luego comenzaba a hacérseme ininteligible, lo mismo que después de la metempsícosis pierden su sentido los pensamientos de una vida anterior; el asunto del libro se desprendía de mi personalidad y yo ya quedaba libre de adaptarme o no a él; en seguida recobraba la visión, todo extrañado de encontrar en torno mío una oscuridad suave y descansada para mis ojos, y aún más quizá para mi espíritu, al cual se aparecía esta oscuridad como una cosa sin causa, incomprensible, verdaderamente oscura. Me preguntaba qué hora sería; oía el silbar de los trenes que, más o menos en la lejanía y señalando las distancias, como el canto de un pájaro en el bosque, me describía la extensión de los campos desiertos por donde un viandante marcha de prisa hacia la estación cercana; y el caminito que recorre se va a grabar en su recuerdo por la excitación que le dan los lugares nuevos, los actos desusados, la charla reciente, los adioses de la despedida que le acompañan aún en el silencio de la noche, y la dulzura próxima del retorno.

The New Raemon con una versión de una canción de Stanislau Verdet.

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Llega a mis manos un librito la mar de educativo y resultón: Manual de Inquisidores para España y Portugal ( aunque más países gozaban de ese lujo sádico legal,- eso sí, en España duró más y más. Ya que nos ponemos…-, pero supieron callarlo con el tiempo, de ahí que no tengan leyenda negra, sino héroes sin mácula. De hecho se crió en Francia la Inquisición: tras el Concilio de Letrán, en Tolosa empezó la historia y dos añitos después por aquí ( si no he leído mal como de costumbre). Y dentro o fuera de la Inquisición, con Dios o con Dior, no hay país, desde Inglaterra (basta visitar la Torre de Londres) al último ( Ay, Leopoldo…), capaz de alzar la cabeza en nombre de la dignidad, aunque lo hacen: Qué risa. Estas comillas se alargan más que un discurso de dictador; la termino. Cuando la cierre aparecerá el nombre del autor), de Nicolás Eymeric ( Inquisidor general de Aragón). 1396 (qué frío).

Lo que leo es una reedición del siglo XIX, donde cambia el “latín bárbaro” por un lenguaje más asequible pero con fórmulas léxicas acordes con la época.

No hace falta decir que pone los pelos de punta sólo ojearlo unos minutos, que es lo que he hecho, aunque con el tiempo se haya exagerado la cifra ( por ejemplo, en los casos de hogueras, que fueron mínimos comparados con otros menos legendarios), como ocurre con todas las maldades ( rara vez con las bondades). Y da miedo, a pesar de la costumbre, sólo pensar que ahora mismo, sin medievos por en medio y con otro nombre, sigue habiendo atrocidades clavaditas, como si un espejo de siglo XIV se reflejara sin error en el siglo XXI. Ahora mismo, muy cerca de aquí,basta ponerse de puntillas y mirar.Eso, ahí. Pero cuidado, que si lo decimos en voz alta alguien nos puede llamar racista, intolerante, retrógrado o…¡por nuestro nombre! Qué hereges somos, con g, como se solía decir.¿ G de gemido de Satán ?

“En causas de herejía, por respeto a la fe son admitidos los testimonios de los excomulgados, los cómplices del acusado, los infames y los reos de un delito cualquiera…bien que estos testimonios valen contra el acusado y nunca en su favor”.

Y aquí un testimonio estremecedor. No apto para corazones quebradizos:

Hay más fragmentos por internet, adaptados al español de hoy como éste o sacados literalmente del manual. Pura delicadeza, pura lección de saber estar, de saber morir, de saber torturar.  Dan ganas de leer más al respecto. Hay textos serios si se busca bien.

——-

Tanta inquisición me ha llevado a pensar en el diablo, por lo tanto, en Jimmy Page, que  sospecho que le vendió su alma a cambio de un talento descomunal para el riff perfecto, para el solo insuperable.

Aquí, dando clases a The Edge y a Jack White. Miren, así se hace el arte, parece decir con los dedos…

Kashmir

Wholle Lotta Love ( The Edge babeando)

“¿ Si yo tenía alguna idea?” Bueno, algo como esto:

Adiós, sin paréntesis.

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Roger Wolfe me ha dicho que hable de él.

No conozco a Roger Wolfe más allá de sus poemas y sus entrevistas Sanchezdragueras; jamás he hablado con él ( cuando vivió en Alicante,yo prefería el futbolín a sus regates de poesía), jamás ha hablado conmigo, pero me ha dicho que hable de él o que, al menos, ponga aquí un poema suyo. Qué cosas.

Roger Wolfe no necesita aplausos, sólo un disco de Lou Reed, un trago de humo o un rato tranquilo o trepidante. Como tú.

Roger Wolfe tiene poemas que recuerdan a Bukowski, pero más a Roger Wolfe. O a tu cenicero, o a la próxima copa, o a la persiana bajada. O a cuchillos certeros como el silencio.

Roger Wolfe tiene poemas que me recuerdan a ti, a mí, a las calles y los días que pateamos. Y otros en los que dice no necesitar a Proust ( yo no sé si lo necesito, pero pronto, muy pronto, lo probaré con calma. O algún sucedáneo de la calma, marca blanca).

Roger Wolfe dice sobre el Requiem de Mozart más que mil tratados kilométricos.( Y esta mentira que acabo de decir, la digo sin rubor)

Y me ha dicho que hable de él, pero él no lo sabe.

Él tampoco sabe que acompañaré su poema con una parte estremecedora del Requiem, sí, pero también con Screaming Jay Hawkings. Porque sí. Porque esta noche bien vale un grito, porque se disfrace de lo que se disfrace SJH, juegue a lo que juegue, tus ojos, tus orejas, tu piel, ( seas quien seas) bien merecen una canción así: interminable, tremenda, adictiva.

Con ustedes, Roger Wolfe, Mozart  ( su Lacrimosa, por segunda o tercera vez aquí) y I Put a Spell on You.

Y a seguir de espaldas.

LA MÚSICA

Si la muerte
en algo
se parece
al Réquiem
de Mózart,
embarcadme
esta misma
noche.
(Y si no,
tampoco importa.
Con que suene
bastará.)

Acaba de pasar:

Una herida y una risa en tu boca.

Si me pido otra copa  oiré tu risa,

pero la herida seguirá ahí,

ya sabes dónde.

Si me largo a casa no oiré tu risa,

pero olvidaré la herida junto al billete de 20 que dejaré

al lado de tu risa.

Hasta que dé dos pasos bajo el frío.

Claro.

—-

C.D.G

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Una maravilla de Kieslowski. Una hora y cuarto para decir muchas cosas. Un joven de 19 años. Finales de los ochenta con Varsovia en el detalle. Vive el joven con la madre de un amigo, como en una caverna en tinieblas. En el edificio de enfrente, ella, la belleza, la experiencia, lo desconocido. Y el mundo se reduce a  mirar, primero de lejos, luego de cerca. Sólo mirar. Eso, el amor como mirada, como obsesión milimétrica, como descubrimiento, como luz, como culpa.Como salvación.

 Dos ventanas, dos mundos, dos formas de ver el amor. Dos formas que acaban siendo la misma tras una transfusión de sentimientos. Dos ventanas, dos mundos, dos soledades. Pocas palabras, muchos gestos. Necesidad. Donde más que símbolos hay estímulos ( visuales, del montaje, de los personajes). Donde, como en las grandes obras, la historia acaba mucho más allá de donde acaba la película.

( Y todo con dos duros y un talento del tamaño de Tiannamen)

“- Entonces, ¿Qué es lo que quieres?

– Nada.”

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Apaga la luz,

que quiero que veas todo.

Que te deslumbre el universo de palabras que no dijimos,

hasta cegarte ( y seguir viendo).

Que grites de incredulidad con el gesto de los rendidos,

hasta llorarte ( y seguir viendo).

Y brindemos juntos y cantemos de puntillas,

besemos la luna y pellizquemos cada calle,

recitemos entre tragos a  nuestra polaca favorita, contemos

los suspiros que nos robaron los himnos,

los chicles pegados en la piel de las aceras,

el tiempo que llevamos contando estas cosas que cuentan

la historia de nuestro oído y nuestro suelo.

Que quiero que veas todo,

para que vuelvas a ser

lo que temieron que fueras

cuando encendiste la luz y creció

tu sombra.

Cuando empezaste la huida.

C.D.G

Wislawa Szymborska

La realidad exige

La realidad exige
que lo digamos bien claro:
la vida sigue su curso.
Sucede así en Cannas y en Borodinó,
en los llanos de Kosovo y en Guernica.

Hay una gasolinera
en una pequeña plaza de Jericó,
hay bancos recién pintados
cerca de Bila Hora.
Las cartas van y vienen
entre Pearl Harbor y Hastings,
pasa un camión de muebles
bajo la mirada del león de Queronea
y solo un frente atmosférico amenaza
los florecientes jardines cercanos a Verdún.

Hay tanto de Todo
que lo que hay de Nada queda muy bien cubierto.
De los yates de Accio
llega la música
y en la cubierta, al sol, bailan las parejas.

Pasan siempre tantas cosas
Que seguro tienen que pasar en todas partes.
Donde hay piedra sobre piedra
hay un carro de helados
cercado por los niños.

Donde estaba Hiroshima
de nuevo está Hiroshima
y se siguen produciendo
objetos de uso cotidiano.

No le faltan encantos a este hermoso mundo
ni tampoco amaneceres
para los que merece la pena despertar.

En los campos de Macejowice
La hierba es verde,
y en la hierba, como pasa en la hierba,
la escarcha, transparente.

Quizá no haya un lugar que no haya sido un campo de batalla,
los aún recordados,
los hoy ya olvidados,
bosques de cedros y bosques de abedules,
nieves y arenas, pantanos irisados
y barrancos de negro fracaso
donde en caso de urgencia
satisfacemos ahora nuestras necesidades.

Qué moraleja sale de todo esto: parece que ninguna.
Lo que de verdad sale es la sangre que seca rápida
y siempre algunos ríos, algunas nubes.

En esos desfiladeros trágicos
el viento se lleva los sombreros,
y es inevitable:
la imagen nos da risa.

(Traducción de Abel Murcia)

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Yo existo de vez en cuando.

Como la lluvia en Alicante,

como los Juegos Olímpicos.

Como mis aciertos

 y la lasaña mixta en mi plato.

Como la espalda del mimo.

De vez en cuando.

Y en mitad del parpadeo me pregunto si quizás

sea mejor hablar sólo de lo que no se sabe.

Mirar sólo lo que nos pertenece.

Ser, cómo lo diría,

un sincero incordio.

De vez en cuando.

C.D.G

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Vuelvo a él cada poco tiempo:

Cuando Éramos Reyes, de Leon Gast.

Documental sobre el legendario combate de 1974 en el Zaire ( música negra, mundo negro, momento multicolor), entre el joven y arrasador Foreman y el veterano y acabado, según muchos, Cassius Clay: Muhammed Ali. Y lo que allí pasó sobrepasó ese ring, ese país, el mundo del deporte. Se convirtió en un símbolo, tal y como quería Ali.

Ali.

No me gusta el boxeo. No me gustan los bocazas.

 Ali era boxeador. Alí era un bocazas. Adoro a Ali.

Suelo quedarme, al hablar del deporte, con lo que hacen en su faceta, sin importarme qué dicen o comen fuera del recinto deportivo. Pero con Ali es distinto. Conocía su historia, pero este documental, desde la primera vez que lo ví, hará diez años, me volvió adicto a todo lo que soltaba por la boca ( puro ingenio en muchas ocasiones: Eto’o es aprendiz de quinta), a su chulería, a su movimiento de piernas y brazos sobre el ring, a su arrolladora personalidad. Más que un boxeador (como Jordan es más que un jugador de baloncesto), más que un deportista: un símbolo.

Será el carisma, posiblemente. Pero cuando empiezas a ver este documental, no puedes dejar de verlo. Y cuando empieza el combate y Ali se arrincona, recibiendo palos hasta en el alma, vuelves a pensar que perderá, que definitivamente es un bocazas…pero luego pasa lo que pasa. Y te vuelves a asombrar de lo que hizo ese tío que ahora tiembla y envejece. No por casualidad uno de los narradores es el escritor Norman Mailer: Aquello era literatura a golpes.

Aquí, dos cortes del documental: el comienzo y el dedicado a ese momento irrepetible en la historia del deporte.

MA-RA-VI-LLO-SO MOMENTO

* Alí, matalo.

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