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Archive for 4/03/11

¿ Por qué ?

Ya sea por locura, por inenarrables ganas de sentir o por hambre de notoriedad, hubo un francés que decidió quitar la red y alzarse alto, muy alto. Y colocar un cable en, por ejemplo, Notre Dame, y cruzarlo con delicadeza y seguridad. O hacer lo mismo en Australia.

O ir a Nueva York al ver inauguradas las Torres Gemelas. Y lograr subir los cuatrocientos metros con una tonelada de material. Y unir las torres con un cable. Y pisar el cable. Y bailar sobre él. Y tumbarse sobre él. Y convertirse, en comunión con el cielo y lo imposible, en un poema de amor al vilo.

Eso es Man On Wire: la historia de un deseo, de las ganas de ser libre, insensatamente libre. Pese a la inclinación por parte del director de ver épica donde hay irresponsabilidad ( y pese a la ridícula presencia de su novia), la historia de Philippe y su gente (que le siguen como aquellos seguían a Jesús) por lograr romper el sueño en mil pedazos, jugando con la vida de una manera así, es muy interesante. De no quitar el ojo de la pantalla, vamos.

Y una visión inolvidable: la de ese baile con el cielo al son de Erik Satie. No te frotes los ojos: lo que ves es real. Y precioso. Ojalá todas las locuras fueran así y no estrellando aviones contra edificios como esas Torres Gemelas, esos símbolos de fuerza y poder que cayeron en minutos, mientras ese hombre, que fue de una a otra, 400 metros de altura, sigue en pie. La paradoja de la historia. De la Historia.

No hay un por qué.

También hay preguntas en Ravelstein, de Saul Bellow. Que alguien con 84 años tenga tal lucidez para escribir un libro así es para rendirse. Eso hace Bellow, un recorrido sobre la figura de su amigo, el filósofo Allan Bloom. Él se lo pidió. Un recorrido que cuando se publicó hace diez levantó ampollas por decir en público que su amigo, al que aquí le da el nombre de Abe Ravelstein, había muerto de sida. Como si eso fuera clave en este inteligentísimo  libro.

Mucho hospital, mucha enfermedad, mucho traje caro, mucho Platón, mucho judaísmo.

Mucha pregunta sobre la muerte.

Mucha reflexión desde un hotel de París, desde el fondo de una intoxicación o en un parque de pajarracos gritones.

Y al final lo que queda, cuando cerramos el libro y olemos sus páginas, es un canto a la amistad, a la vida, a los mordiscos que nos da, a los pellizcos que le damos.

Hay gente joven con 84 años.

“A la pregunta de Ravelstein ‘¿Cómo te imaginas que será la muerte?’ siempre respondí: ‘Las imágenes se van a detener’. Lo que quería decir era que en la superficie de las cosas podías atisbar el corazón mismo de las cosas”.

 “No es fácil entregar a un ser como Ravelstein a la muerte”.

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