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Archive for 10/03/11

Es como aquellas películas sobrevaloradas, interesantes y vivas de Cassavetes, como esa escena de la discoteca donde la cámara tenía más prisa que nosotros pero que lograba captar, en uno de esos momentos mágicos, un pedacito, apenas unos gramos, de tristeza, de soledad.  En blanco y negro.

Es como el vaso que rompí en tu casa. Dije que fue sin querer, pero lo hice con toda la intención del mundo. Quise romper ese vaso, quise saber como era ver tu suelo con cristales, hielo y whisky. Quise ver tu cara. Sobre todo eso: ver tu cara.

Como si no conociera tu cara.

Como si no supiera que cada uno de los milímetros de tu cara son como esos momentos mágicos de las películas de J.C.

Pero lo tiré. Me lamenté y ahora me lamento de haberme lamentado entonces y de no haber dicho que lo había tirado para verte. Que ese vaso roto era un experimento para confirmar lo que ya sabía: que eras bella en cualquiera circunstancia.

Como Hiroshima: para que sepan lo que ya saben.

Es, por supuesto, como lo que pasa con una pieza de jazz humeante: imposible de analizar lógicamente, pero digna de hablarse de ella durante horas.

Y es, en definitiva, como clavar una nota en la pared que diga: Soy un fracaso. Y mirar hasta la última huella de la tinta, como si mirase un Caravaggio, tratando de entender de qué pozo de genialidad sale esa cabeza muerta más viva que yo y esa luz, tratando de ser esa luz, de entender el mensaje: de ser el mensaje.

De ser el vaso roto, el plano de Cassavetes, el jazz.

Tratando de ser tu rostro.

—–

C.D.G.

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