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Archive for 13/03/11

 

Hyde Park, 1939

——

Fue Emilio Lledó, y cualquiera con dos tropezones en la vida, el que dijo que dentro de todo sí hay un pequeño no y dentro de todo no un pequeño sí.

Y dentro de estas palabras hay un magnífico hedor.

Fue David Grossman, y cualquiera con dos rasguños en el pasado, el que dijo que necesitaba, fisicamente, varias horas al día para estar solo y escribir.

Y dentro de estas palabras alguien necesita atarse las manos.

Fuiste , y cualquiera que haya probado el invierno de Agosto, el que dijiste que todo va bien mientras podamos ver el mal.

Y dentro de estas palabras crece un triste y digno viento de empatía en forma de poema tan ajeno como nuestros latidos. Pim, pam, pum. Luego.

LA TRISTEZA DEL MAR CABE EN UN VASO DE AGUA.

Los hombres tristes,
que tienen en sus ojos un café de provincias,
que no saben mentir como quien dice,
que se esconden detrás de los periódicos,
que se quedan sentados en su silla
cuando la fiesta baila,
que gastan por zapatos una tarde de lluvia,
que saludan con miedo,
que de pronto una noche se deshacen,
que cantan perseguidos por la risa,
que abrazan, que importunan hasta quedarse solos,
que retornan después a su tristeza
igual que a su pañuelo y a su vaso de agua,
que ven cómo se alejan las novias y los barcos,
esos hombres manchados por las últimas horas
de la ocasión perdida,
me recuerdan a mí.

—-
Luis García Montero

—–

Fue Erik Satie, y cualquiera que sepa que una cereza o un ladrillo roto es, para alguien que abra los ojos, como América para Colón, el que dijo  que antes de componer una pieza caminaba muchas veces  alrededor de ella acompañado por sí mismo.

Y en estas palabras caben siete acordes multiplicados por lo que deseen nuestros sentidos.

Y cabe, sobre los dedos que esto escriben, sobre ojos que esto leen, una nube de silencio que rompe como un huevo de avestruz sobre nuestras cabezas con tal de que gritemos, con tal de que demos la espalda a lo que dicen poetas, filósofos, músicos y sueños.

Sabiendo que haciendo eso nos estaremos dando la espalda, y el último adiós, a nosotros mismos. Salud, dirán.

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C.D.G.

—–

Llaman a la puerta. Abridle, que no entrará.

—–

C.D.G.

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