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Archive for 11 marzo 2011

Prefieres decir que en este blog todos los espacios entre párrafos son iguales, que no permite que pongas dobles espacios en tus palabras supuestamente poéticas…sí, mejor eso que mirar a la lluvia limpiando la ventana o una ola arrancando, en prime time, vidas de cuajo.

Prefieres poner el enlace que traicionarte, aunque la traición no empeoraría el resultado. La traición, en este caso, sería un tono distinto del mismo maquillaje para el mismo careto de insatisfacción.

Vaya, ya he mirado a la lluvia limpiando la ventana. No está mal, pero prefiero mirar mis dedos mientras escucho una canción monstruosa de Julio de la Rosa que no diré. Prefiero mirar tus sueños mientras escucho un Port O’Brien que se niega a cerrar los ojos.

Vaya, ya he mirado el terror nipón. Está mal. Muy mal. Tanto que da pudor mirar tanto daño. Ya se vio otros años lo que pasó en Indonesia y Chile. Pero aquí, en directo, se ven no sólo los temblores que resquebrajan suelos,  se ve no sólo  que Tokio está más que preparado para cosas así. Vemos que Japón, claro, no es sólo Tokio. Y que cuando la tierra encabrona al mar, hay poco que hacer, sólo imaginarse esa ola que, a 600 kilómetros por hora (sí, 600, como un avión, cuando está en alta mar), destroza lo que encuentra. Hemos visto como el mar se aleja de la costa como para tomar carrerilla, y como ataca luego. Sin piedad. Y eso, lo dicho, da pudor mirarlo desde casa e imaginar lo que le queda a esa gente. Otros países ya lo saben y lo sufren.

Prefiero poner el enlace y otra canción. Y acabar con este aliento invernal que acabará por llenar de vaho mi espejo. Hasta no reconocerme en él.

Soy la estrategia de mi tiempo olvidado

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Es como aquellas películas sobrevaloradas, interesantes y vivas de Cassavetes, como esa escena de la discoteca donde la cámara tenía más prisa que nosotros pero que lograba captar, en uno de esos momentos mágicos, un pedacito, apenas unos gramos, de tristeza, de soledad.  En blanco y negro.

Es como el vaso que rompí en tu casa. Dije que fue sin querer, pero lo hice con toda la intención del mundo. Quise romper ese vaso, quise saber como era ver tu suelo con cristales, hielo y whisky. Quise ver tu cara. Sobre todo eso: ver tu cara.

Como si no conociera tu cara.

Como si no supiera que cada uno de los milímetros de tu cara son como esos momentos mágicos de las películas de J.C.

Pero lo tiré. Me lamenté y ahora me lamento de haberme lamentado entonces y de no haber dicho que lo había tirado para verte. Que ese vaso roto era un experimento para confirmar lo que ya sabía: que eras bella en cualquiera circunstancia.

Como Hiroshima: para que sepan lo que ya saben.

Es, por supuesto, como lo que pasa con una pieza de jazz humeante: imposible de analizar lógicamente, pero digna de hablarse de ella durante horas.

Y es, en definitiva, como clavar una nota en la pared que diga: Soy un fracaso. Y mirar hasta la última huella de la tinta, como si mirase un Caravaggio, tratando de entender de qué pozo de genialidad sale esa cabeza muerta más viva que yo y esa luz, tratando de ser esa luz, de entender el mensaje: de ser el mensaje.

De ser el vaso roto, el plano de Cassavetes, el jazz.

Tratando de ser tu rostro.

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C.D.G.

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Al despertar, soñara lo que soñara, sólo recordaba tu cara. Con todo lujo de detalles. Y llorando, de risa.

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¿ Por qué ?

Ya sea por locura, por inenarrables ganas de sentir o por hambre de notoriedad, hubo un francés que decidió quitar la red y alzarse alto, muy alto. Y colocar un cable en, por ejemplo, Notre Dame, y cruzarlo con delicadeza y seguridad. O hacer lo mismo en Australia.

O ir a Nueva York al ver inauguradas las Torres Gemelas. Y lograr subir los cuatrocientos metros con una tonelada de material. Y unir las torres con un cable. Y pisar el cable. Y bailar sobre él. Y tumbarse sobre él. Y convertirse, en comunión con el cielo y lo imposible, en un poema de amor al vilo.

Eso es Man On Wire: la historia de un deseo, de las ganas de ser libre, insensatamente libre. Pese a la inclinación por parte del director de ver épica donde hay irresponsabilidad ( y pese a la ridícula presencia de su novia), la historia de Philippe y su gente (que le siguen como aquellos seguían a Jesús) por lograr romper el sueño en mil pedazos, jugando con la vida de una manera así, es muy interesante. De no quitar el ojo de la pantalla, vamos.

Y una visión inolvidable: la de ese baile con el cielo al son de Erik Satie. No te frotes los ojos: lo que ves es real. Y precioso. Ojalá todas las locuras fueran así y no estrellando aviones contra edificios como esas Torres Gemelas, esos símbolos de fuerza y poder que cayeron en minutos, mientras ese hombre, que fue de una a otra, 400 metros de altura, sigue en pie. La paradoja de la historia. De la Historia.

No hay un por qué.

También hay preguntas en Ravelstein, de Saul Bellow. Que alguien con 84 años tenga tal lucidez para escribir un libro así es para rendirse. Eso hace Bellow, un recorrido sobre la figura de su amigo, el filósofo Allan Bloom. Él se lo pidió. Un recorrido que cuando se publicó hace diez levantó ampollas por decir en público que su amigo, al que aquí le da el nombre de Abe Ravelstein, había muerto de sida. Como si eso fuera clave en este inteligentísimo  libro.

Mucho hospital, mucha enfermedad, mucho traje caro, mucho Platón, mucho judaísmo.

Mucha pregunta sobre la muerte.

Mucha reflexión desde un hotel de París, desde el fondo de una intoxicación o en un parque de pajarracos gritones.

Y al final lo que queda, cuando cerramos el libro y olemos sus páginas, es un canto a la amistad, a la vida, a los mordiscos que nos da, a los pellizcos que le damos.

Hay gente joven con 84 años.

“A la pregunta de Ravelstein ‘¿Cómo te imaginas que será la muerte?’ siempre respondí: ‘Las imágenes se van a detener’. Lo que quería decir era que en la superficie de las cosas podías atisbar el corazón mismo de las cosas”.

 “No es fácil entregar a un ser como Ravelstein a la muerte”.

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http://www.enriquevilamatas.com/obra/l_enunlugarsolitario.html

http://www.enriquevilamatas.com/obra/l_chetbakerpiensaensuarte.html

Tras tiempo ilimitado leyendo en su MARAVILLOSA  web fragmentos de sus primeras novelas perdidas, DeBolsillo se pone manos a la obra y publica en un solo tomo ( En un lugar solitario) las primeras 5 novelas breves de Vila-Matas. Y a un precio ridículo. La boca agua.

Y Chet Baker piensa en su arte. Cuentos reunidos ( y un artículo), ya publicados, no todos leídos-comprados por mi. Y el relato ( o como queramos llamarlo, que tratándose de Vila-Matas, definir es errar) que da título al libro.

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http://www.theparisreview.org/interviews/1960s#list

The Paris Review y sus entrevistas a escritores en los 50, 60, 70…hasta ahora. ¿De verdad que Dios no existe?

Grandes entrevistas a los más grandes ( no cito a nadie, que es tan injusto como definir). Para quien le guste la literatura, la palabra, el ingenio, el pensamiento, el humor, la vida con patatas. Para todos los gustos ( eso sí, en inglés). Oro del bueno que  palpo con tan solo ojearlo. Sé que me quitará muchas, muchas horas de sueño.

Pues eso.

http://www.youtube.com/watch?v=R4oQkqx54Zw&feature=related

Nina Simone, con una de Van McCoy.

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