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Archive for 30 junio 2011

Cuando quería verse, se asomaba a la ventana.

Fotografía de Kim Manresa.

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A veces, sólo a veces, las cosas son lo que parecen. Fijamos la vista en un sitio, diseccionamos cada centímetro de la imagen, pasamos una tarde perdiéndonos en el brillo, en el color, en la forma, en lo que se esconde, en lo que se muestra, en el punto de vista del fotógrafo, en el encuadre. Nos convertimos en cirujanos. Nuestro bisturí son los ojos y lo que hemos vivido. Y lo confirmamos: a veces las cosas son lo que parecen.

Ese río es el Támesis.

Ese barquito tiene encanto.

Ese sol reflejado en el río da ganas de acariciarlo.

Esos tejados, con sus chimeneas, del fondo, sólo pueden ser ingleses.

A veces las cosas son lo que parecen. Hasta que el cadáver de un genio del siglo XX, llamémosle Hitchcock,  navega rumbo a nuestra inquietud, por ejemplo.

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C.D.G.

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Enlaces para acabar un mes o empezar algún suspiro, alguna guerra, algunos macarrones con queso.

http://www.youtube.com/watch?v=-sg1XE0cldg&feature=player_embedded

http://www.youtube.com/watch?v=lEdMdSdjMJM&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=KGaGxHVqTMM

http://www.youtube.com/watch?v=UtZq0Y3JMXQ

http://www.youtube.com/watch?v=XewO1DB96To&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=EDT4t98cWNk&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=h8tuTSi6Sck

http://www.youtube.com/watch?v=T7PsCKJ5V0o

http://www.youtube.com/watch?v=Sq07EaPsH5s

 

Finalista Cuenta 140, con el tema La Acampada:

Cuando le preguntaron por qué acampaba, respondió que buscaba en la tienda una idea que no encontraba en el resto del mundo.

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Foto de Friedlander.

Me despertó con un puñetazo en mi barriga. Grité,  me cagué en su cuadro de Hopper, me quité las legañas y le dejé hablar, que estaba sudando y nervioso.

-¿Qué tiene que ver lo que vemos en la calle con lo que vemos en sueños?

Me cagué en sus postales amarillentas, le pedí que se fuera y cuando lo logré, me dormí. Y soñando contesté a su pregunta. Luego empecé a mover paredes y a apagar soles con sólo desearlo. Por no hablar del zumo de asfalto que bebí en una cama de hotel sin recepción.

Jamás una pesadilla me dejó de tan buen humor.

Al despertar, él ya no me hizo más preguntas. Pero  Hopper pinta todos los días postales antiguas apoyado en mi balcón y Bernardo Soares trata de arreglar el grifo de la cocina preguntándose: ¿ Qué tengo yo que ver con la vida ?

C.D.G

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Lee Friedlander: Provincetown, Cape Cod, Massachusetts, 1968

Lee Friedlander(1968)

Mi teléfono sobre el periódico. No sé si vibra porque me llamas o porque quiere que lo aleje de las entintadas miserias del mundo.

Mis dedos sobre el teclado. No sé si suenan porque escriben o porque quieren tocar un piano.

Mis ojos sobre lo que soñé. No sé si lloran porque sufrieron o porque quieren encharcar el teclado, el teléfono y acabar con este texto de una vez.

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C.D.G

Escrita por Elvis Costello y Paul McCartney:

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Cosmópolis, de Don DeLillo. O una ciudad a punto de cualquier cosa y llena de ratas. Tú, yo, el aire que respiramos. Todos ratas. Desde el verso de Herbert que abre el libro- la rata deviene moneda de curso legal– hasta el último rincón de gomina de Eric Parker.

Todos le daríamos una patada en el alma a Eric Parker. Pero muchos querrían ser él. Parker no ha llegado a los treinta años, pero es multimillonario, tiene un tiburón en su pisito de Manhattan, tiene una limusina con suelo de mármol y más pantallas que un multicine. Esa es su vida: pantallas con los terremotos de la Bolsa. Eso le hizo rico. Eso, quizás, le vació, le apartó de nuestro mundo, o nos alejó a nosotros el suyo. El lujo de Eric es tan exagerado, tan burdo,  que pierde su valor. Su tontería es tan suprema que merece una corona en su cabeza. La misma cabeza que necesita un corte de pelo en el otro lado de la ciudad. Tiene un médico que le revisa la carrocería corporal todos los días, tiene una asesora, tiene varios guardaespaldas, tiene todo y ama los espacios en blanco. Tiene todo pero para cortarse el pelo (sabremos que en ese corte de pelo ansiado hay algo más que tijeras: hay un mordisco al mundo real) necesita cruzar la ciudad el día en el que ahí está el Presidente del país, un entierro de un rapero de moda, una manifestación violenta ( el mejor momento del libro) y una amenaza real hacia su persona. Palabra de gorila guardaespaldas.

Y tiene hambre. Nos quiere comer a todos y luego sentirse humano contemplando su edificio y nuestro suelo.

Todo en un día, como el Ulises de Joyce. Todo sucio, como el Nueva York de Travis. Todo viejo; Parker no entiende como no han desaparecido no sólo muchos objetos, sino la propia palabra que lo nombra. Todo con el toque DeLillo: poesía y barro, ruido y paz,  crueldad y belleza. Precisión.

 Todo profético:

Está escrita esta novela  en 2003 pero ambientada en 2000, un año antes del ya se sabe qué. Ocho antes de ya se sabe qué. Y cuando ese ruido al otro lado de la limusina, esa mentira monumental, ese nihilismo de traje y Satie parece anticiparse a lo que tenemos ahora en nuestro saciado Occidente:

Una inmensa soledad.

Cuando muriese, no sería su fin. Sería el fin del mundo.

La calle era una ofensa a la verdad del futuro.

¿ Qué queda que valga la pena relatar ?

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Ganador de la semana en el concurso Cuenta 140 de El Cultural, con el tema: la sombrilla.

Cada vez que salía al jardín del manicomio decía que el sol fue inventado para que la sombrilla se sintiera útil.

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Informe sobre ciegos se lee como una metáfora mundial y no sólo como un apéndice de Sobre héroes y tumbas.

Las metáforas de 224 páginas pueden provocar bostezos o suicidios en masa: no es el caso.

Este descenso a lo más oscuro de lo más oscuro se lee como un viaje mitológico cuyas etapas incrementan la desazón, la incomodidad, el puro placer literario por lo desconocido.

Asustan los ciegos de Fernando Vidal. Asustan sus cloacas y sus laberintos. Asustan sus conspiraciones y su zambullida ( siempre solitaria ) al inconsciente: no es difícil hablar de pesadilla cuando todo huele tan mal y cuando unos pájaros te sacan, como recreándose, tus dos ojos.

Asusta leer, en mayúsculas y en mitad del descenso, que no hay casualidades.

Asusta lo que en el fondo creemos, aunque sea mientras leemos, como verdad.

Cuando termina el libro o el sueño parece que lo que acaba de empezar, precisamente, es el libro, es el sueño. El surrealismo desbordado del vaso de la lógica…si es que alguna vez la tuvo Fernando Vidal.

¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato? Esta feroz lucidez que ahora tengo es como un faro y puedo aprovechar un intensísimo haz hacia vastas regiones de mi memoria: veo caras, ratas en un granero, calles de Buenos Aires o Argel, prostitutas y marineros; muevo el haz y veo cosas más lejanas: una fuente en la estancia, una bochornosa siesta, pájaros y ojos que pincho con un clavo. Tal vez ahí, pero quién sabe: puede ser mucho más atrás, en épocas que ahora no recuerdo, en períodos remotísimos de mi primera infancia. No sé. ¿Qué importa, además?

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 ¿Vanidad post mortem? Tal vez: la vanidad es tan fanstástica, tan poco “realista” que hasta nos induce a preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados.

¿Una especie de prueba de la inmortalidad del alma?

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Así como en las manchas de humedad Leonardo no inventaba rostros y seres mosntruosos sino que los “descubría” en esos laberínticos reductos, así tampoco debe creerse que mi imaginación ansiosa y mi pavor me hacía oír rumores significativos de apagadas voces, de ruegos, de aleteo o chillido de grandes pájaros.

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Y yo, místico de la Basura y del Infierno, puedo y debo decir: ¡CREED EN MÍ!

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Finalista de Cuenta 140, con el tema: La sombrilla Con estos cuatro microrrelatos:

Plantó la sombrilla en la Gran Vía. “Si los agoreros no fallan, el mar no tardará en llegar”, pensó.


Cada vez que salía al jardín del manicomio decía que el sol fue inventado para que la sombrilla se sintiera útil.


Cuánta mierda bajo mi sombrilla, empezando por ti y acabando por lo que yo escribo: ni el mar nos limpiará.


Cuando la profesora les pidió que hicieran un dibujo sobre sus vacaciones, ella pintó una sombrilla cerrada chorreando lágrimas.


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