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Archive for 14 junio 2011

Goya. Capricho Nº39

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Grapó sus ideas como le decía su padre que grapara los trabajos escolares: con fuerza y sin pensar.

Y salió a la calle. Nada pudo hacer el viento para soltar sus ideas. Nada los tropiezos que la calle le daba. Siguieron bien grapadas cuando los coches y las obras rugieron a su lado.

Tomó un café, leyó la prensa, vio los yates rumiar en el puerto y a los niños corriendo a casa. Y las ideas seguían allí, firmes sobre sus ojos, como sus antiguos trabajos escolares. Y cuando ojeó escaparates y libros rusos. Y cuando el sol se perdió sin avisar.

Le atracaron en el portal de casa con la luna de testigo, apoyada en dos nubes. Les dio el poco dinero que llevaba y se le pasó el susto. No se fueron tampoco entonces sus ideas: se las tocó para confirmarlo.

Subió a casa como siempre, por las escaleras.

Abrió la puerta, se descalzó y entró al baño. Se lavó la cara y se miró al espejo. Fue entonces cuando algo cambió. Ni rastro de la grapa. Ni rastro de sus ideas en su cabeza. Se habían dispersado por el suelo y desaparecieron como desaparecen las sombras cuando se apaga la luz. Se había convertido él, sin saber cómo, en un ciudadano decente.

Ahora le llaman de usted, le miran a los ojos. Y ella le acaricia las manos como acaricia a su perro o a sus vestidos nuevos.

Él no para de vomitar en sueños y de llorar en la ducha.

Tendríais que verlo.

C.D.G

Ganador de la semana del concurso Cuenta 140 de El Cultural. Quinto libro en camino. En esta ocasión por escribir, con el tema de La Feria, lo siguiente:

Se acercó llorando a la caseta y le dijo al autor: su novela es más triste en persona.

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Fotografía de Robert Frank.

Estoy leyendo Informe sobre Ciegos, de Sabato (esdrújulo sin tilde). Maravillado estoy. Tanto que temo acabarlo. Hay tanto que morder y tanta tripa revuelta…

Aquí va un filete del inmenso toro que es este “informe”:

Siempre me preocupó el problema del mal, cuando desde chico me ponía al lado de un hormiguero armado de un martillo y empezaba a matar bichos sin ton ni son. El pánico se apoderaba de las sobrevivientes, que corrían en cualquier sentido. Luego echaba agua con la manguera; inundación. Ya me imaginaba las escenas dentro, las obras de emergencia, las corridas, las órdenes y contraórdenes para salvar depósitos de alimentos, huevos, seguridad de reinas, etcétera. Finalmente, con una pala removía todo, abría grandes boquetes, buscaba las cuevas y destruía frenéticamente: catástrofe general. Después me ponía a cavilar sobre el sentido general de la existencia, y a pensar sobre nuestras propias inundaciones y terremotos. Así fui elaborando una serie de teorías, pues la idea de que estuviéramos gobernados por un Dios omnipotente, omnisciente y bondadoso me parecía tan contradictoria que ni siquiera creía que se pudiese tomar en serio. Al llegar a la época de la banda de asaltantes había elaborado ya las siguientes posibilidades:

1.° Dios no existe.

2.° Dios existe y es un canalla.

3.° Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia.

4.° Dios existe, pero tiene accesos de locura: esos accesos son nuestra existencia.

5.° Dios no es omnipresente, no puede estar en todas partes. A veces está ausente ¿en otros mundos? ¿En otras cosas?

6.° Dios es un pobre diablo, con un problema demasiado complicado para sus fuerzas. Lucha con la materia como un artista con su obra. Algunas veces, en algún momento logra ser Goya, pero generalmente es un desastre.

7.° Dios fue derrotado antes de la Historia por el Príncipe de las Tinieblas. Y derrotado, convertido en presunto diablo, es doblemente desprestigiado, puesto que se le atribuye este universo calamitoso.

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Por otro lado, vuelvo a estampar aquí los microrrelatos que me han pasado a la final en Cuenta 140. El tema de esta semana: La Feria.

Se acercó llorando a la caseta y le dijo al autor: su novela es más triste en persona.

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En la feria de la mentira sólo era sincero el tiempo.

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Decidió cobrar entrada para la feria de su hogar: nadie lloraba como su madre, nadie usaba el cinturón como su padre.

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Tras dos horas de cola le pidió que firmara su acta de defunción, por el bien de la literatura.

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Fue Kierkegaard, que tantas veces salvó a Faemino, el que dijo que la vida se vive hacia delante pero se comprende hacia atrás.

Pues Martin Amis, como si  hubiera leído a Kierkegaard, se remanga,  se asoma a la ventana y se propone dar la vuelta a todo. A todo.

Hola, soy Martin y voy a dar la vuelta a todo.

Cuenta, no la vida, sino el mundo hacia atrás. Un médico agoniza en una camilla y de ahí vive, rejuvenece hasta su nacimiento. Y el mundo le sigue. Y todo viene de la basura o del fuego (las uñas, los restos de comida, las cartas); y conocemos a las personas teniendo una confianza que perdemos con el tiempo; y son los excrementos los que entran en nosotros. Y las conversaciones empiezan con un Hasta Luego. Y los médicos no  curan: dañan. Y recibimos dinero por ir al restaurante a dejar comida, por ir a la tienda a entregar un producto. Y todo es cada vez más barato. Y los carteles enseñan fotos de una guerra que pasará.

Etcétera.

Podría ser una ingeniosa sucesión de anécdotas. Pero hablamos de Martin Amis, de profesión: provocador con talento, alumno de Bellow y Nabokov. Su lenguaje crudo, su sátira monumental, su predilección por las cloacas del ser humano (drogas, violencia, mediocridad), su humor más negro que el futuro, su lenguaje de ahí afuera (vamos, que no es Proust) y su maestría para el ritmo literario…Todo lo pone en La flecha del tiempo, aunque no sea la bomba que es Dinero, al servicio de esta historia que demuestra que si hacia delante la vida tiene poco sentido, hacia detrás tampoco lo tiene.  Salvo en  medio del terror nazi, en los campos de concentración, donde el médico puede por fin curar y el mundo tiene alguna lógica . Pensadlo y temblad.

No es la primera vez que Amis se aleja de las calles de Londres o Nueva York para pegar un salto mortal y meterse en las entrañas del horror de Stalin (La Casa de los Encuentros, Koba El Temible, y su maravilloso libro de memorias  Experiencia) del islamismo radical (su libro de ensayos El Segundo Avión, del que sólo he leído fragmentos, consiguió que muchos le pusieron  a parir, otra vez) y de Hitler.

Esta vez desmonta, aunque no del todo, la cita de Kierkegaard. Esta vez muestra ese mismo horror, pero rompiendo la línea del tiempo. Y si no la rompe, la desvía, la lleva hacia atrás, desde otro comienzo hasta otro fin. Da igual: sigue diciéndonos Martin que estamos solos, vayamos de espaldas o no, en esta montaña rusa donde, como dijo él en la entrevista antes enlazada ( parir), “el sentido común se ha vuelto subversivo”.

Podrás estar o no de acuerdo con él. Pero tiene una voz y sabe usarla. No podemos decir todos lo mismo.

Y unos narradores, marca de la casa, que hablan con el lector, les guiñan el ojo, les ponen en situación. Narradores que piensan en voz alta, aunque sea para decir que la lluvia de hoy le ha jodido su nuevo peinado. Lo dicho: tiene a Nabokov en su altar.

Muchos lo llaman niño malo. Yo lo llamo escritor.

Todos, diria yo, estamos construidos con materiales de mala calidad.

Lo pequeño no siempre es hermoso. Pero lo grande es la locura.

De La flecha del tiempo.

Un ejemplo de lo dicho, de Dinero:

La memoria es muy graciosa, ¿verdad? ¿No están de acuerdo? Yo tampoco. Jamás me ha divertido la memoria, y a medida que voy haciéndome mayor, menos graciosos me parecen sus chistes. Es posible que la memoria no cambie, pero conforme van pasando los días cada vez tiene menos que registrar. Me parece que mi memoria está en forma. Lo único que pasa es que mi vida me parece cada vez menos memorable. ¿Te acuerdas de dónde dejaste las llaves? ¿Y por qué tendría que acordarme? ¿Te acuerdas de aquel día en la bañera? ¿Te lavaste también los dedos de los pies? (Qué aburrido es echar una meada, sobre todo después de las mil primeras veces. Fíu, que rollo, ¿no?) Ya no consigo recordar ni la mitad de las cosas que hago. Pero tampoco hago gran cosa.”

“Puse en marcha de inmediato mi sistema para curarme las gripes por la vía rápida. Te metes en la cama, te envuelves con muchas mantas, y te bebes una botella entera de scotch. Técnicamente suele bastar con media botella, pero quería asegurar el resultado.”

Y por penúltimo, una curiosidad que he encontrado relacionada con La flecha del tiempo:

http://www.youtube.com/watch?v=R9BgtSAoNJ8

C.D.G

There are times that walk from you like some passing afternoon
Summer warmed the open window of her honeymoon
And she chose a yard to burn but the ground remembers her
Wooden spoons, her children stir her Bougainvillea blooms

There are things that drift away like our endless, numbered days
Autumn blew the quilt right off the perfect bed she made
And she’s chosen to believe in the hymns her mother sings
Sunday pulls its children from their piles of fallen leaves

There are sailing ships that pass all our bodies in the grass
Springtime calls her children ‘till she let’s them go at last
And she’s chosen where to be, though she’s lost her wedding ring
Somewhere near her misplaced jar of Bougainvillea seeds

There are things we can’t recall, blind as night that finds us all
Winter tucks her children in, her fragile china dolls
But my hands remember hers, rolling ‘round the shaded ferns
Naked arms, her secrets still like songs I’d never learned

There are names across the sea, only now I do believe
Sometimes, with the windows closed, she’ll sit and think of me
But she’ll mend his tattered clothes and they’ll kiss as if they know
A baby sleeps in all our bones, so scared to be alone.

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El Roto

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Los platos ladran en el salón y en la terraza el silencio lame tus palabras, las llena de babas. Y los platos sudan en el salón. Será por el calor como de tintorería.

Tus dedos son más huellas que dedos. No te atreves a mirarlos. Te basta con una foto torcida y un presente en la cuerda floja.

Los platos se enfangan en el salón y la calle te regala una carcajada de niña y acordeones mellados.

Te basta con eso para alzar los ojos, empezar de nuevo  y seguir subrayando lo que borra tu vida y agiganta la del resto.

Y escuchar a los platos dormir la siesta.

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C.D.G

mastroianni

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Intentaron medir el peso de su culpa. No hicieron falta artilugios novedosos ni estudios tridimensionales. Pusieron al individuo junto al espejo, le abrieron los ojos y la evidencia, como suele pasar, disipó la duda del sujeto en cuestión y de toda la humanidad ( no somos tan distintos): La culpa, dijeron, pesa tanto como la pirámide de Keops y como el primer piojo de nuestro infancia. No depende de si hemos robado un chicle o acribillado a un colegio de Badajoz. Depende del otro, ya sea compañero, vecino, enemigo o espejo. Sobre todo espejo.

Siempre depende del otro, concluyeron, que es el que tiene la balanza  y el mazo.

Yo no sé qué pensar.

( Por cierto; meses después trataron de pesar el amor. Los que lo hicieron, en paz descansan escuchando Picture in a Frame, de Tom Waits o el silencio de cuatro ojos mirándose).

C.D.G.

Courbet.

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