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Archive for 31 enero 2012

– Gracias a la Biblia aprendí a querer, a respetar, a compartir. Y a crucificar.

Le señaló con el arma un monte cercano y se descojonó.

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Cómo no te voy a querer…Río cuando ríes, sufro cuando sufres, bailo cuando bailas.

Moriré cuando te mate.

—-

C.D.G

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Fotografía de Chema Madoz.

 

De nuevo vuelvo y revuelvo al extinto Cuenta 140, aquel concurso de El Cultural donde, a partir de una palabra (tenedor, gafas de sol, estufa…) había que crear algo con un máximo de 140 caracteres.

Dudaba entre proponer un ingreso, en homenaje al concurso, de 140.000 euros a mi cuenta corriente o, como ya he hecho otras veces, un regalo vuestro de alguna palabra para que yo llenara los espacios en blanco de este blog y desatara los nudos de mis ojos/imaginación.

En un alarde de insensatez, he optado por lo segundo. Se aceptan sugerencias.

Y silencios.

Un abrazo.

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17 de enero de 2012. Nubes espesas en el cielo, viento de levante: fresquete, vaya.

Entro, para hacer tiempo al tiempo que me espera, en el Salón del Gourmet de El Corte Inglés.

Veo:

 Botella de whisky:

3.65o euros.

De repente echo de menos mi revólver y mi mala uva.

 

C.D.G

—-

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La experiencia y el éxito han conseguido que ya no sude, que ya no lata a mil por hora, que no entre en el portal de su buhardilla mirando por todos lados como un perro asustado.

La Navidad es un chollo. Plaza Mayor, familias, borrachos, gorritos rojos, gritos, villancicos de mierda, nieve de mentira por el aire, dinero de verdad por los bolsos. Señoras y señores: ¡Descuidos a precio de saldo!

 Ya no le cuesta mezclarse, chocarse, rozar, pedir perdón, tropezarse, preguntar, pedir otra vez perdón, disimular, salir de aquella masa, buscar su choza, sentarse en el colchón del suelo, vaciar los bolsillos de su abrigo, dejar a su lado los objetos robados.

Primero agarra el reloj. Inmenso, hortera, lleno de oro y de números romanos. Tan redondo como ese día. Lo toca, lo huele, lo vuelve a dejar sobre el colchón, lo mira como un niño mira un balón sin estrenar. Estira el brazo y del cajón de su mesilla saca su libreta, su bolígrafo y el habitual suspiro de antes de ponerse manos a la obra. Y escribe la historia del minutero del reloj, de la joyería donde se compró, de la ilusión que le hizo al dueño tenerlo en su muñeca, de lo que brilla cuando brilla el sol, del retraso de dos minutos que lleva respecto al exacto reloj de la plaza mayor donde lo robó.

Creo que sonríe al releer lo escrito. Y tira aquel reloj, de triple, a la basura.

Tiene ahora entre sus manos una cartera, marrón con una flor verde en el cierre. Qué guapa es la dueña, qué feo es su novio o lo que sea, qué arrugados sus cinco billetes de diez,  qué cuidadas sus tarjetas de crédito, de perfumería, de restaurante, de pubs, de un hotel belga, de la biblioteca. Sí, claro: también lo huele, también lo analiza con calma. Es todo un espectáculo observar sus movimientos.

Respira hondo, deja la cartera y escribe. Dónde conoció a ese novio, qué estudia cuando está en la biblioteca, qué tonta se pone cuando empieza el tercer ron, qué bien perfumada se pone cuando su chico le dice que baje, qué iba a comprar con ese dinero revuelto, qué pasó en aquel hotel belga, cómo de embobada se quedó en la maravillosa Grand Platz de Bruselas y qué mal se sentirá cuando se vea sin dinero, sin tarjetas, sin documentación,  como una doña Nadie en mitad de la también maravillosa Plaza Mayor de Madrid.

Tira la cartera a la basura. Cae abierta sobre el reloj, como si lo mordiera.

Mira el resto de objetos que pueblan la cama: unas llaves, una cámara de fotos, un trozo precioso de tiempo perdido (le encanta robar tiempo a aquellos a los que les sobra: es fácil y muy agradecido. Y más desde que leyó a Camus aquello de que el tiempo perdido sólo lo recuperan los ricos ), una petaca de plata,  varias monedas, otro reloj y un rey Baltasar de madera del tamaño de su dedo índice.

Sugerente, pero ya ha escrito demasiado por hoy. Mete todo aquello bajo el colchón (¿ material para mañana ?) y la libreta en su mano. Baja a un cibercafé, pasa a ordenador lo escrito y lo manda al periódico como cada día. Otra columna que le dará para comer.

Y a otra plaza,  a otro vagón, a otros descuidos que le darán  para vivir. Viva la gente, canta o masculla nuestro hombre al volver a pisar la calle, enamorado de las historias que exhalan nuestros objetos cuando ya no son nuestros.

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Imagino que un día dejo de tener que imaginar el sabor de tus besos.

C.D.G

( Resultó finalista de la semana del 16-20 de Enero en el Concurso de Microrrelatos de Hoy por Hoy Castellón, Cadena Ser. Palabra propuesta para incluir en el texto: IMAGINO)

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Y no intentes escabullirte, que no va a servir de nada. Hay cámaras en cada habitación, en cada pasillo y frente al edificio. Tratar de huir de aquí es como querer besar a las nubes, como dirías tú, cursi de mierda. Así que hazme caso, papá, y suelta los 500 euros de una vez, que quiero pasar la tarde con mis amigos.

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C.D.G

(Relatos en Cadena. Cadena Ser, Hoy por Hoy)

By the way, mañana se publicará en www.laesferacultural.com mi microrrelato Frente a la Cerveza.

Salud.

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Foto de Doisneau

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Gracias a la gran generosidad de Nicolás Jarque, mi microrrelato Frente a la Cerveza aparece en una antología de relatos breves de la Internacional Microcuentista. Esta intrusión en un mundo al que no creo pertenecer (ni conocía yo esa Internacional) merece que agradezca a Nicolás el hecho de acordarse de ese texto que salió solo de mis manos y que  no se siente tan desvalido ahí metido, en la página 22, como en una fiesta de letras con algunas historias muy buenas. Así es fácil que uno olvide la errata del apellido, pero no que uno recuerde que alguna obra de Nicolás, por ejemplo, debería haber estado allí.

Lo dicho: Muchas gracias.

C.D.G

http://revistamicrorrelatos.blogspot.com/2012/01/grandes-microrrelatos-de-2011.html

http://issuu.com/internacionalmicrocuentista/docs/grandes_microrrelatos_de_2011/3

Minutos musicales que hoy no acompañan a más historia que esta mañana:

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-Lo que tienes que hacer es vencer a tu timidez y llamar a la radio para contarlo. Me da la sensación de que más de una persona se pondría muy contenta de saber que no sólo existes como muchos creen que existes, sino que vives muy cerca de ellos, que comes kebabs todos los jueves, que disfrutas como un tonto sentándote en tu banco preferido del parque y mojándote los pies con los escupitajos de su fuente, que fumas en pipa, que te jode despertar con resaca y que compras el As los domingos con un chándal de franela.

-No sé, chico. ¿Por qué cambiar? Me va bien siendo Dios de incógnito, ¿no?

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C.D.G

 

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Llegó mi momento preferido de la gala. Me acomodé en el sofá y empecé a comer mis palomitas calientes.

Entró Jeremy Hawthorne, con impecable frac y ese aire tan de Clark Gable. Y como si aquello lo hiciera todas las noches, habló.

– …durante el año hemos visto grandes momentos que todos recordaremos, pero solo tres pueden ser los candidatos a esta categoría, y son…- Detrás de él, una inmensa pantalla que llenaba el escenario iba mostrando imágenes de los premiables que encajaban  perfectamente con el texto.

-William Joyce, que en estos últimos años ha dado un giro imprevisible a su carrera, decantándola por  actuaciones teñidas de un cierto toque de barrio: brutal y tierno a la vez. En Sangre en el Callejón le bastaron cinco minutos estelares para impactarnos a todos.

Aplausos. Algún bravo.

– Anne Cambridge, por La llamada de la Noche. La reina camaleónica una vez más nos sorprende con un nuevo tono de voz, una nueva forma de actuar y el mismo éxito sin paliativos. Con un estilo europeo, borda el guión, escrito por ella misma, y eleva sus momentos a categoría de arte. Cada obra suya es diferente. Y lo seguirá siendo.

Jeremy sonrió, guiñó el ojo a Anne, que estaba en la primera fila, y volvieron los aplausos de nuevo. Antes de que cesaran, llegó el turno del último candidato.

-Charles Mertilowe, por Tu Aliento en mis Manos. Su primera candidatura tras una carrera larga y meritoria como secundario. El elegante actor inglés nos brinda una historia de amor y odio con todos los elementos que hacen irresistible la visión de su obra. No es fácil aterrorizar tanto con esa mirada tan azul como el Mediterráneo, esas manos de pianista de crucero y esa voz de monaguillo. Él, en un alarde de profesionalidad, lo consigue.

Aplausos de nuevo bien fuertes. La pantalla de la televisión se dividió en cuatro. La parte más grande, toda la mitad de arriba, pertenecía a Jeremy Hawthorne abriendo el sobre. Las tres partes de abajo enseñaban las caras mentirosamente tranquilas ( con lo bien que lo hacen en su trabajo diario…) de los tres candidatos. Entre las palabras del presentador solo oía un puñado de palomitas triturándose en mi boca.

– Y el ganador…perdonen, maldito sobre…El ganador al premio de la Academia al Mejor Asesinato en Directo del Año es…¡¡Charles Mertilowe!!

La ovación era tremenda. Mi alegría también. Era mi favorito.

Ahí subía Charles, esposado, sonriente como un niño en su cumpleaños, acompañado a derecha e izquierda por dos policías y con la fanfarria habitual. Llegó hasta el micrófono, esperó a que se sentara el público y pararan de tocar los músicos y habló.

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C.D.G

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