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Archive for 29 febrero 2012

 

 

 

Yo soy el bache, el barro, el frío, la curva, las sombras, el viento, el charco, el cansancio, el miedo, el reloj parado, el sombrero perdido.

Tú eres el final del camino.

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C.D.G

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Banksy

Le bastó con abrir la boca para cerrar la de El Vaticano:

-No, no existo.

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C.D.G

III Sortija Microjustas Literarias

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Me he apoderado de la noche como tú te apoderaste de mi buen humor. Es mía: la he tomado entre mis brazos con fuerza, impidiéndola respirar con facilidad. Ver a la noche (tan cerca de mí que la huelo)  enrojecerse de agobio y buscando aire  donde no hay me hace sentir, si no feliz, sí vivo. ¿ Sabes de qué estoy hablando? De que tener a la noche a mi merced me hace seguir caminando. Antes eras tú la que movías mis pies, ahora es esa inmensidad de neón, ron, estribillos, libros marcados y crujidos la que consigue que deje huellas que siguen ahí cuando miro hacia atrás.

Porque miro hacia atrás, claro que sí. He logrado trucar mi retrovisor para que el pasado se me presente sin ti pero con tu sonrisa. No la que entreví cuando me dijiste “adiós, desgraciado”, sino la que vio todo el mundo cuando me susurraste “hola, tonto”, antes de inaugurar nuestro primer beso de pub.

Miro hacia atrás porque no quiero mirar hacia adelante. Ahora que me escucho diciendo esto creo que lo entiendo: por eso agarro del cuello a la noche, para que no acelere conmigo dentro y me lleve a esos lugares que están por venir y sufrir. Es un arma de choque contra la inevitable derrota del tiempo, contra el llanto seco de lo que se sabe sombra de sí mismo. En plata: que mi futuro está jodido, que hago con la noche lo que Groucho quiso hacer con el mundo y tú con mi admirado buen humor; que tengo frío porque secuestrar a la noche contra su voluntad da frío, que sé que al final alguien que se creerá alguien me dirá que es mentira, que no sé trucar retrovisores, que en mi pasado está más tu portazo que tu bienvenida, que hace meses que mis huellas son sólo caricaturas de mis pasos, que es la noche la que me tiene preso a mí, paralizado, atemorizado, completamente encharcado de miedo, siempre a oscuras porque nunca amanezco.

Y dos cosillas más y te dejo hablar a ti o cuelgas: he perdido la receta de solomillo al roquefort que me diste.

Y te quiero.

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C.D.G

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“The Blood is the Life” (Bram Stoker) ( La Sangre es la Vida)

“So the Blood is the Literature” ( C.D.G) ( Por lo tanto, la Sangre es la Literatura)

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Así que, latidos de literatura:

 

De El Primer Hombre, de Albert Camus

 

Habría que vivir como espectador de la propia vida. Para añadirle el sueño que le diera conclusión. Pero uno vive, y los otros sueñan tu vida.

Habían llegado con mucho adelanto, como siempre ocurre con los pobres, que tienen pocas obligaciones sociales y placeres, y que temen no ser puntuales.

Los años no eran más que estrépito, resaca y agitación y Jacques Cormery se debatía ahora presa de angustia y piedad. Miraba las otras lápidas del entorno  y reconocía por las fechas que ese suelo estaba sembrado de niños que habían sido los padres de hombres encanecidos que creían estar vivos en ese momento. Porque él mismo creía estar vivo, se había hecho solo, conocía sus fuerzas, su energía, hacía frente a la vida y era dueño de sí. Pero en el extraño vértigo de ese momento, la estatua que todo hombre termina por erigir y endurecer al fuego de los años para vaciarse en ella y esperar el desmoronamiento final, se resquebrajaba rápidamente, se derrumbaba.

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De Los tipos duros no bailan, de Norman Mailer.

A decir verdad, casi no podía recordar nada de lo que sucedió después que salté de la cama. Debió de ser un día como tantos otros. Hace tiempo me contaron un chiste: un hombre va al médico y éste le pide que le describa sus actividades diarias. El paciente empieza: “Me levanto, me lavo los dientes, vomito, me lavo la cara..”. “¿Vomita cada día?”, le interrumpe el médico. “¡Claro, doctor!”, responde el paciente. “¿Usted no?”. Pues ese hombre soy yo.

Yo solía decir que es más fácil renunciar al amor de tu vida que dejar de fumar, y lo cierto es que estaba convencido de la verdad de esta afirmación. Pero un buen día del mes pasado, hacía de eso veinticuatro días, mi mujer me dejó. Hacía veinticuatro días. Y aprendí algo más acerca de lo que es estar dominado por un vicio. Tal vez sea más fácil renunciar al amor que al humo, pero cuando se trata de decir adiós a una relación de amor-odio, diantre, que se acabe tu matrimonio puede ser tan duro como dejar la nicotina, e incluso provoca una sensación muy semejante, porque puedo asegurar que al cabo de doce años había llegado a odiar el tabaco casi tanto como a una esposa amargada.

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De El Tercer Reich, de Roberto Bolaño

Por la ventana entra el rumor del mar mezclado con las risas de los últimos noctámbulos, un ruido que tal vez sea el de los camareros recogiendo las mesas de la terraza, de vez en cuando un coche que circula con lentitud por el Paseo Marítimo y zumbidos apagados e inidentificables que provienen de las otras habitaciones del hotel. Ingeborg duerme; su rostro semeja el de un ángel al que nada turba el sueño; sobre el velador hay un vaso de leche que no ha probado y que ahora debe estar caliente, y junto a su almohada, a medias cubierto por la sábana, un libro del investigador Florian Linden del que apenas ha leído un par de páginas antes de caer dormida. A mí me sucede todo lo contrario: el calor y el cansancio me quitan el sueño. Generalmente duermo bien, entre siete y ocho horas diarias, aunque muy raras veces me acuesto cansado. Por las mañanas despierto fresco como una lechuga y con una energía que no decae al cabo de ocho o diez horas de actividad. Que yo recuerde, así ha sido siempre; es parte de mi naturaleza. Nadie me lo ha inculcado, simplemente soy así y con esto no quiero sugerir que sea mejor o peor que otros; la misma Ingeborg, por ejemplo, que los sábados y domingos no se levanta hasta pasado el mediodía y durante la semana sólo una segunda taza de café –y un cigarrillo– consiguen despertarla del todo y empujarla hacia el trabajo. Esta noche, sin embargo, el cansancio y el calor me quitan el sueño. También, la voluntad de escribir, de consignar los acontecimientos del día, me impide meterme en la cama y apagar la luz.

 
 
De Ruido de Fondo, de Don DeLillo.
 
 
La familia representa la cuna de la desinformación universal. Algo hay en la vida familiar que desencadena la generación de errores factuales. La proximidad excesiva, el ruido y el calor de la existencia. Acaso algo aún más profundo, como la necesidad de supervivencia. Murray afirma que somos criaturas frágiles rodeadas por un mundo de hechos hostiles. Hechos que amenazan nuestra felicidad y nuestra seguridad. Cuanto más profundizamos en la naturaleza de las cosas, más endebles puede parecer que se vuelven nuestras estructuras. El proceso familiar contribuye a nuestro aislamiento del mundo. Los pequeños errores adquieren una dimensión desmesurada, y la irrealidad prolifera. Yo le digo a Murray que la ignorancia y la confusión no pueden de ningún modo ser las fuerzas impulsoras que subyacen a la solidaridad familiar. Qué idea, qué subversión. Él me pregunta por qué las unidades familiares más fuertes se dan en las sociedades menos desarrolladas. La ignorancia es un arma de supervivencia, afirma. La magia y la superstición se atrincheran como la poderosa ortodoxia del clan. La familia es más fuerte allí donde más probable resulta que la realidad objetiva sea malinterpretada. Qué teoría más despiadada, respondo. Pero Murray insiste en que es cierta.
 
 

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Jamás se sintió más vivo que cuando notó el frío del revólver en su sudorosa sien.

Por eso se disparó.

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C.D.G

III Sortija Microjustas Literarias.

Nada que ver mis dos líneas con el mito platino ( o sí, que toda lectura es libre y esclava a la vez). Pero sólo ahí encontré los subtítulos que quería enseñar y enseño.

Algo que ver, quizás ( o no, que toda lectura es blablabla) con el Chet Baker de la fotografía, aunque él prefirió volar que explotar.

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Fotografía de Harry.E. Winkler ( en ella, Jimmy McLarnin, campeón de boxeo)

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Ha soplado los dados, los ha tirado con los ojos cerrados. Un seis. Un tres.

Un dedo menos.

III Sortija Microjustas Literarias

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Cuando aquel domingo tropezó y se le vació el bolsillo, todas sus sobras malolientes se desparramaron bajo sus pies. Ya que estaba, las llamó Mundo y descansó.

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III Sortija Microjustas Literarias

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