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Archive for 30 junio 2013

 

Me he cansado. Han sido tantos mordiscos, tanta sangre y tantos viajes por los océanos de tiempo, que he decidido cambiar los cuellos de las jovencitas por los de las peores botellas de vuestros bares y olvidarme, así, de que soy para siempre.

C.D.G

Fotografía: J.L Guerín. Fotograma de Unas Fotos En La Ciudad De Sylvia.

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El jugo en su barbilla
brilla como un pecado
a lomos del calor.

————

La verbena abraza la noche
de los que mañana escupirán
al tráfico del mediodía.

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Viene la ola
para hacer contigo
lo que yo solo sueño.

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Baño los pies en la arena.
Ella me mira mediterránea
desde el fondo de su infancia.

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Sudan las palabras
que mordemos
como sandías.

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Estos  cinco “micropoemas” (qué fea palabra) participaron en la semana de Verano del concurso de Cuenta 140. Los tres primeros tuvieron mención y aplauso y comentario del juez. El primero de ellos, ha sido finalista.

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Día 50

Se ha acostumbrado al canto de las fieras y ya conoce los límites de la isla. Pero cuando el aburrimiento le empuja a preguntarse cómo será él ahora, presa del sol y del tiempo, vuelve a tener el mismo miedo que tenía cuando empecé a arrancarle los ojos.

C.D.G

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¡Pide un deseo! 

Sopló las cien velas y esperó.

Esa noche se presentaron en su habitación el que le robó a su primera novia y el que le pisoteaba su almuerzo en el patio. Sacó su arma de la almohada y cumplió, antes de despertar, con su venganza juvenil.

C.D.G

Fotografía de Elliot Erwitt

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Sunlight in cave

El último del clan no tuvo tiempo para llorar a su familia. Dando la espalda al amanecer, volvió a la cueva, afiló el silex y con la sangre de su pecho comenzó a pintar en las paredes lo que acababa de ver, lo que había sentido sobre esa tierra anaranjada de brillos de vida y sombra.

El último del clan se entregó a su sangre derramada en la oscuridad de la cueva, cuando el sol ya lamía, ahí afuera, toda la extensión de su mundo: las llanuras donde su padre le enseñó a cazar, donde su madre le regaló imaginación, donde peleó por un trozo de carne, donde supo sin saberlo que nuestras huellas son besos que sólo entiende la tierra.

La cueva parió, al verle las mejillas secas, lágrimas de estalactitas; y en su frío y en su penumbra, él no pudo terminar de llenar las paredes de lo que iba a ser el primer retrato de la soledad de la historia del arte. Ese honor lo tuvo el húmedo suelo, que logró convertir  a nuestro hombre derrumbado en un cuadro infinito escondido en las entrañas de un anteayer que no comprenderemos en ningún futuro.

Un cuadro de nuestra soledad, dando la espalda al amanecer.

C.D.G

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Miles de personas a mis pies dándolo todo, dejándose llevar por mi talento y mi poder. Bailan, se besan, se drogan y vuelan. Y no tienen ni un segundo para fijarse en la lágrima que nace en mis gafas de sol y muere en el corazón de mi scratch.

C.D.G

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A los setenta aprendió a escribir. Con el mismo empeño con el que enyesaba de joven, edificó en su cabeza historias maravillosas y una entonación perfecta que servía para sumir a sus dos nietas huérfanas en un mundo que nunca tendrían: uno feliz.

C.D.G

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¿Existe el verano en Liverpool?

Pasadas las cuatro de la tarde del 6 de Julio de 1957, un chaval de 15 años llamado Paul llegó sudando, a lomos de su bicicleta verde y abrazado a su guitarra Zenith, a la oscura iglesia de St Peter’s del barrio de Woolton, donde su amigo Ivan le había dicho que conocería a John, alguien que tenía un grupo de rock, los Quarry Men, que tocarían algunas canciones detrás, junto al cementerio, aprovechando que era la Feria de la Villa.

El tal John, de 16 años, había salido de su casa unas horas antes y se montó, junto a sus compañeros, en un camión donde, a modo de procesión, desfilaron por las afueras hasta llegar a la iglesia. La mayoría iban de blanco; él con camisa de cuadros roja. Y todos con cara de niños y con aspecto de banda musical con ganas pero sin arte, decían por ahí: algunos instrumentos estaban hechos a partir de palos de escoba, cajas de te o tablas de lavar.

Al llegar a St Peter’s, John se encontró con su madre, con su tía, con la tumba del recientemente fallecido tío George y con marchas militares, galletas, chicas guapas, nubes, sol, teatro popular y la coronación de la Reina de la Rosa.

Cuando los Quarry Men de John ya llevaban un rato subidos sobre el pequeño escenario, Paul se encontró con su amigo y los vieron, los escucharon: Come little darling, come go with me…

Al rato, un descanso, un espectáculo de boy scouts y regreso a la música rock de unos chicos con hambre de Elvis.

Paul también quería ser Elvis. Y acompañó a Ivan más tarde, casi a las 7, al auditorio donde se celebraría más tarde el fin de fiesta. Paul supo que John le miraba. Paul supo que quería tocar algo: Twenty Flight Rock. El niñato Paul la clavó. Y el niñato John se acercó. No se hablaron. Paul siguió con Little Richard y entonces Ivan los presentó. No se dieron la mano; ya se la darían al mundo entero cinco años más tarde.

Y entonces, protegidos de una fuerte lluvia nocturna, los Quarry Men volvieron a tocar turnándose con la George Edward Band.

Antes de que acabaran los conciertos, Paul volvió a su bicicleta, a su casa y a su cama, que faltaban horas para el cumpleaños de su padre. A John no le volvió a ver hasta días después. No tardó en hacerse asiduo a la casa donde el miope vivía con su tía. Allí Paul le enseñó acordes, letras, trucos. Y John le enseñó una oferta que no sabría rechazar: unirse al grupo de chavales más cojonudo del Mersey.

Y aquí la historia podría seguir y no acabar nunca, pero oigo a alguien preguntarse al otro lado de la pantalla: ¿Y Eleanor Rigby? ¿No se trataba esto de contar  la historia que esconde la canción Eleanor Rigby como prometiste al poner la canción el otro día?

Pues sí, se trataba y se trata. Ya he dicho que en St Peter’s había un pequeño cementerio. Ya he dicho que por ahí deambularon el 6 de Julio de 1957 John y Paul. No he dicho que por ahí deambularían varias veces más, pero se lo imaginan, ¿verdad?

Tampoco he dicho que en una de esas lápidas está en los huesos Eleanor Rigby (fallecida en 1939), la misma que nueve años después protagonizó la espléndida canción escrita por Paul. No he dicho que hasta los años 80 no se descubrió esa…¿casualidad? No he dicho que la leyenda comenzó entonces, cuando se dijo que, posiblemente, la Eleanor de la canción había sido sacada de esa lápida vulgar del pequeño y encantador cementerio de San Pedro de Woolton. No he comentado tampoco que, desde entonces, la Eleanor Rigby que allí descansa ha recibido visitas de miles de personas (incluyan ustedes al que ahora os habla) y que tiene su propia estatua cerca de The Cavern.

¿ Y Paul? ¿He dicho lo que Paul opina al respecto? Le he llamado hace un rato y me ha dicho que, antes que nada, deje de comer carne, joder, y que bueno, que a lo mejor el nombre se le quedó grabado en su genial cabeza (él no ha dicho genial, pero lo ha pensado) en uno de los muchos paseos que allí hizo con John, pero que no, que no, que él cree que no; que lo de Eleanor lo sacó de Eleanor Bron, actriz de la película Help! Y Rigby del nombre de una licorería de Bristol que encontró con Jane. Y muchos creemos a Paul, pero seguimos visitando a la pobre Eleanor cada vez que salimos del centro de Liverpool, dejamos atrás Menlove Avenue y Strawberry Field y llegamos al pequeño lugar sagrado donde se conocieron dos niños que cambiaron para siempre la historia de la música.

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C.D.G

Fotografías: C.D.G y S.G.M

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La suerte, para nosotros, hizo que alguien grabara parte de la actuación de ese día de Julio de 1957:

Y un guía-testigo explicando la cosa, no de Eleanor Rigby, sino del encuentro.

http://www.youtube.com/watch?v=VbcSUSyxiNg

http://www.youtube.com/watch?v=gk10e3ZpAaY

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Era la mujer perfecta: tenía todos los defectos del mundo.

C.D.G

Obra de la fotografía de…¿Banksy?

 

No me olvido de las peticiones pendientes.

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Al final de mi escapada
no estaba el cuello de la Seberg.
Pero era feliz.

C.D.G

 

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