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Archive for 30 enero 2014

En el fondo de la mentira, un pedazo de luz.

La agarro, la acerco a mis ojos. 

La empapo con mis lágrimas.

Vibra.

 

En el fondo del pedazo de luz, una verdad.

La lanzo, la alejo de mis ojos.

Quema.

Se convierte en horizonte sin fondo,

en puro brochazo de antesala

de un olvido.

De mí.

—-

C.D.G

Fotografía: Francisco Mas Manchón.

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En los pueblos pequeños el infierno es siempre grande.

La noche más feroz, Ricardo Menéndez Salmón.

Fotografía: Cristina García Rodero.

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Al bajar del autobús noto que la ciudad ha cambiado, como si alguien hubiera cambiado de disco. Los charcos solo están formados por lágrimas, los edificios se retuercen hasta abrazarse entre sí y los semáforos están permanentemente en ámbar, con todos mis silencios alados dentro de ellos. De las personas ni hablemos: parecen humanas.

Me asusto y me arrepiento de no saber correr hasta la playa en cuatrocientos golpes y un día.

C.D.G

Fotografía: Daido Moriyama

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Cuando por fin se convirtió en el primer ser humano en vivir fuera del tiempo, contactó con nosotros para pedirnos solo una cosa: un reloj.

C.D.G

 

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CAM00265

 

El hombre de la fotografía tiene mucho tiempo libre. Tiene mucho tiempo libre y se lo merece: han sido muchas décadas en mitad del despiadado mar; jornadas completas de oleajes que le ofrecían, si había suerte, algunos pescados que echarse a la boca al final del día y unas manos encalladas que ya nunca se suavizarán. 

El hombre de la fotografía, más que un hombre es un señor. Pasea a diario su descuidada elegancia por las calles del barrio más antiguo de la ciudad. Se quita la boina al paso de las damas, regala sonrisas y caramelos a los niños y siempre tiene en la manga palabras y oídos, que son más que ases, para los que tienen el suelo por cama.

El señor de la fotografía despierta antes de que lo haga el sol. Suele asomarse en su pequeño balcón para ver los primeros latidos del día. Jamás le ha visto nadie quejarse del ruido de los borrachos, de los camiones que aparcan para descargar, de los perros que ladran como si el planeta entero fuera un terreno hostil. 

El señor de la fotografía tiene mucho tiempo libre y lo disfruta con pequeños actos cotidianos. A veces baja hasta el paseo de la playa, donde alimenta sus recuerdos salinos. A veces se queda en casa y pone la televisión en silencio, para mejorar lo que dicen en la caja tonta. En ocasiones se le oye silbar, con la compra bajo el brazo, viejas canciones que le enseñó en Varadero la negra de su vida, como hoy. Silba, supongo, además que para lo que se recuerdan melodías de otro tiempo, para mejorar lo que decimos nosotros en nuestra vida tonta. Y así se pierde, calle arriba, hasta su portal, donde cocinará, a fuego tan lento como sus pasos, esos corazones que guarda en la bolsa y que, por cierto, y pese a lo que pueda parecer, no son de vaca, precisamente. 

C.D.G

Fotografía: C.D.G

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A solas en el búnker, llenó de alfileres el mapa y rezó.

C.D.G

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Adelgazó tanto que podría haber salido de la jaula. Pero siguió viviendo en círculos, ignorando a los turistas que ya no le llenaban de fotos.

C.D.G

Fotografía: Leopoldo Pomés

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